La imagen ambiental de la CDMX
Crear una imagen pública significa poner juntos, sin distinción de importancia y con absoluta coherencia, todos los estímulos verbales y no verbales que van a configurar la percepción en torno de algo o de alguien. De esta manera, un trabajo de ingeniería en imagen ...
Crear una imagen pública significa poner juntos, sin distinción de importancia y con absoluta coherencia, todos los estímulos verbales y no verbales que van a configurar la percepción en torno de algo o de alguien. De esta manera, un trabajo de ingeniería en imagen pública consiste en cuidar todo el proceso de estimulación de audiencias, de tal manera que no se produzcan fugas de comunicación que conduzcan hacia la incoherencia, causa principal de cualquier fracaso. El ambiente es uno de esos estímulos no verbales que rara vez se toman en cuenta como elemento de comunicación, siendo que habla exactamente igual que una fotografía, un protocolo, una apariencia física, una entrevista en medios o un discurso. Debemos entender por ambiente toda la serie de estímulos que impactarán los sentidos de la audiencia al estar presente en un espacio funcional y que echan a andar el proceso activo, complejo y dinámico de la percepción ambiental que exige la coherencia entre los estímulos ambientales para que se produzca en el individuo la sensación de integración que arrojará la aceptación del entorno y condicionará su comportamiento en él. Imaginen, amables lectores, la importancia que este concepto tiene para un restorán, una tienda, un centro comercial o cualquier otro giro que use el espacio para funcionar y cumplir eficientemente con sus objetivos, ahora lleven el concepto a una ciudad tan importante como la de México (CDMX) y contemplen lo que está sucediendo en su imagen ambiental.
Le pregunto…
¿De qué color es la CDMX? ¿Cómo es su iluminación? ¿A qué huele la ciudad? ¿Qué oye en ella? ¿Cómo son sus espacios? ¿En qué estado están sus calles? ¿Qué tal está su señalización? ¿Qué calidad de transporte público ofrece? Por tan sólo señalar ocho de los estímulos de imagen ambiental que todos los días trabajan sobre sus habitantes haciéndolos sentir excelente, bien, mal o… pésimo. Ubique aquí su condición.
¿Qué le pasó?…
He vivido la CDMX durante seis décadas, de hecho en ella nací, crecí y trabajo hasta la fecha. He tenido la suerte de haberla visto bonita, amable, cuidada y divertida y también la desgracia de ser testigo de su deterioro por causa del cómplice descuido entre sus autoridades y la gran mayoría de sus habitantes. Ahora quienes la amamos nos preguntamos: ¿Cuántos bellos espacios de convivencia pública le quedan? ¿A qué horas se perdió la señalización? ¿Hace cuánto que no se arreglan los miles de baches que surgen a diario? ¿Por qué sentimos miedo al circular por ella de noche? ¿Por qué aspiramos a un auto sobre el transporte público? ¿Por qué ni siquiera las nuevas obras de vialidad, como los segundos pisos, son bellas o funcionan como deberían? Sus “modernos” accesos “automatizados” ya parecen casetas de peaje y producen más caos que fluidez en el tránsito vehicular.
¿Hay solución?…
Veamos… ¿Por qué tantas personas la maltratan, la ensucian, la hacen insoportablemente agresiva? La respuesta es simple, porque su imagen ambiental está cada vez peor y ello conduce a que el comportamiento sea cada vez más incivilizado. En Nueva York el rescate de la belleza citadina y la tolerancia cero trajo como consecuencia el cambio de conducta en las personas, en Singapur la dureza de la ley y el ejercicio de la autoridad también con tolerancia cero la convirtieron en ciudad modelo de calidad de vida y desarrollo. ¿Qué hace falta para rescatar a la CDMX? La respuesta es obvia: ejercicio de autoridad, orden, trabajo e inversión de recursos. Todo ello es factible si el jefe Miguel Ángel Mancera se lo propone. Sé que quiere y puede, ya sólo falta que lo dejen.
*Rector del Colegio de Imagen Pública
Twitter: @victor_gordoa
