El señor de Banamex
Imagen es percepción, lo he repetido una y mil veces con el objetivo de dar a entender que cuando se habla de imagen se habla de lo que la gente percibe mayoritariamente acerca de algo para luego reaccionar conductualmente en torno a ello. “En el terreno de la imagen ...
Imagen es percepción, lo he repetido una y mil veces con el objetivo de dar a entender que cuando se habla de imagen se habla de lo que la gente percibe mayoritariamente acerca de algo para luego reaccionar conductualmente en torno a ello. “En el terreno de la imagen nada es verdad o mentira, sólo existe la percepción de aquel que te mira”, podría yo decir, inspirado en Campoamor. Para quien te percibe su verdad o mentira será estrictamente personal e irá en relación directa a lo que le parezcas. “Si ves lo que pareces sabrás lo que la mayoría cree que eres”, podría agregar para abreviar este proemio.
Don Javier Arrigunaga…
Hoy analizaré el caso de la imagen de los bancos y sus banqueros luego de haber leído que Javier Arrigunaga, un hombre que se ve decente y que presidía un bancote como Banamex, tuvo que presentar su renuncia al banco y a la ABM a raíz del escándalo provocado por el megafraude de la empresa Oceanografía, que afectó seriamente no sólo las utilidades sino la reputación y que pudo ser orquestado gracias a la ineficiencia de la propia institución financiera, aunque su jefe, Manuel Medina Mora, haya dicho de manera eufemística que, “a la luz de las dificultades que nuestra franquicia ha enfrentado en México el último año, Javier Arrigunaga siente (sic) que es el momento correcto para un nuevo liderazgo para el grupo”. Pobre de la imagen profesional de don Javier porque, por más bonito que se quiera decir, la gente de a pie percibe que se va porque falló o, peor aún… porque tuvo que ver con el fraude. Así funciona el juego de la imagen, así de cruel es el ser humano y ante ello no hay mucho que hacer.
Banqueros mal percibidos…
Qué lejos han quedado los tiempos de cuando quienes presidían los bancos en México eran personas muy ricas, sí, pero a su vez muy honradas y hasta preocupadas por los demás. Aquellos años en los que los bancos propiciaban el desarrollo de las empresas y de la gente prestándoles dinero a un interés que a nadie le sonaba a usura sino a justedad; de cuando la profesión bancaria se asociaba a la eficiencia, la seguridad y la probidad; de cuando el ser rico no significaba automáticamente ser malo. Hoy, cuando a los usuarios de los bancos se les somete al ejercicio de decir lo primero que se les venga a la mente al mencionarles la palabra banco o banquero, los adjetivos calificativos que surgen inmediatamente son los siguientes: “malos”, “ineficientes”, “abusivos” y hasta “rateros” (aquí vuelvo a recordarles que no lo digo yo, ni tampoco que eso sea cierto, pero hagan el ejercicio con quienes estén a su lado y verán el resultado), este último adjetivo, el de rateros, ya no sólo asociado a la usura bancaria sino también a partir de los robos que suceden a cuentahabientes que han retirado una suma de dinero en efectivo, los cuales no podrían suceder si no existiese el contubernio entre los cajeros y los asaltantes. Hoy la gente siente mucho miedo al tener que retirar una suma en efectivo de un banco, qué cosa, ¿no?
¿Por qué ha pasado esto?…
Porque se lo han ganado, primeramente por el gran tamaño que los bancos han adquirido al grado de llegar a la despersonalización, ellos no saben quién es uno y nosotros no sabemos quiénes son ellos. Después, por la soberbia de sus integrantes, quienes, sin ser los propietarios del dinero, se sienten sus dueños desde el nivel más bajo. Agreguemos el altísimo costo de los servicios bancarios, especialmente en México, territorio que ya representa la mayoría de las utilidades para muchas matrices extranjeras. Si le añadimos las malas prácticas operacionales, los graves errores operativos y hasta los de su mercadotecnia, el resultado es el mencionado… bancos y banqueros son malos. Ni modo, don Javier, con todo y su buena pinta, ahora le tocó bailar con la más fea, hasta que salga el siguiente bailarín.
*Rector del Colegio de Imagen Pública
Twitter: @victor_gordoa
