Si la elección del Papa fuera en México

Otros actores políticos también se sumaron al proceso electoral. De inmediato Andrés Manuel López Obrador se ofreció a ser el candidato de alguna de las corrientes que se estaban formando en el Vaticano.

El gobierno federal decidió llevar su política exterior más allá de lo hasta ahora conocido y toma dos impactantes decisiones. La primera, atraer la investigación del meteorito que cayó en Rusia y la segunda, organizar en México las elecciones del Vaticano para elegir al sucesor del papa Benedicto XVI.

En el primer caso, después de cinco días de ardua investigación en la que participaron peritos nacionales e internacionales, el procurador de Justicia, Jesús Murillo Karam, convocó a una conferencia de prensa a la que asistieron reporteros de todo el mundo: “Hemos podido determinar que lo que provocó la onda sónica que rompió los cristales de numerosas ventanas y dejó más de mil heridos en la zona de los montes Urales fue… el gas metano”.

El funcionario mexicano continúo señalando que todavía se desconocían las causas de la acumulación del hidrocarburo, pero que podrían ser tres posibles fuentes: un meteorito, un ataque de los Angry Birds, quienes querían acabar con los cerdos verdes, o la influencia del paso del asteroide 2012 DA14 y aunque ya la Nasa negó que hubiera relación entre este cuerpo rocoso y lo que sucedió en Rusia, el procurador dijo que no se descartaría ninguna hipótesis.

Sobre las elecciones pontificias, el presiente Enrique Peña Nieto decidió convocar a una reunión extraordinaria a todos los actores políticos para ver cómo cada uno podía participar para proponerle al Vaticano que en México se desarrollara todo el proceso electoral.

Leonardo Valdés, consejero presidente del Instituto Federal Electoral, fue el primero en llegar a la reunión y sorprendentemente traía la tarea hecha, pues consideraba este proceso como una oportunidad para limpiar la imagen del IFE. “La unidad fiscalizadora del instituto ha establecido reglas muy claras y transparentes para desarrollar las elecciones, de tal manera que no habrá ninguna confusión”.

Así el consejero comenzó a enumerar algunas de las reglas: “Ningún candidato podrá regalar a los feligreses más de cinco mil estampitas de algún santo, tres mil si se trata de la Virgen de Guadalupe y dos mil si tienen la imagen de Jesús o la Santísima Trinidad; no se podrá condicionar el voto amenazando a la gente de que puede irse al infierno; tampoco se podrá comprar votos con indulgencias o bendiciones. Además, las réplicas de los anillos papales, las mitras y los báculos que servirán de regalos serán considerados, sin importar el partido que estuviera impulsando a algún candidato, a 16.30 pesos ni un centavo más ni un centavo menos.

“Las misas se suspenderán 15 días antes de las elecciones para evitar la inducción del voto; se llevarán a cabo dos debates Papales, pero para evitar que suceda lo que pasó con el primer debate presidencial en México con la edecán Julia Orayen, será Lolita Ayala quien reparta las preguntas a los clérigos.

“El pago que se haga a los promotores del voto como padres, monjas, monaguillos y adherentes se contará como gasto de campaña. No se admiten tarjetas de Soriana o de Monex. También se pondrá tope máximo a las limosnas de los parroquianos”.

Otros actores políticos también se sumaron al proceso electoral. De inmediato Andrés Manuel López Obrador se ofreció a ser el candidato de alguna de las corrientes que se estaban formando en el Vaticano. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ofreció que en la sede de Bucareli todos los candidatos firmaran un acuerdo de civilidad en el que se comprometían a cumplir los diez mandamientos de la Ley de Dios y a respetar los resultados de las elecciones.

Un grupo de jóvenes estudiantes creó el grupo #YoSoyBenedictoXVII con la consigna de que todos son Papas y merecen las mismas oportunidades de competir.

Por algún motivo aún inexplicable ni El Vaticano ha dado respuesta al gobierno mexicano en su ofrecimiento de que México sea la sede oficial de las elecciones papales, ni el gobierno de Rusia ni la NASA han tomado en serio los resultados de las investigaciones de la PGR.

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