Futuro 21 y el zoon politikón
Bajo el nombre de Futuro 21 se intenta construir una alternativa política que sirva de espacio para que participen todos aquellos actores que están identificados con la defensa de los valores de la democracia, principalmente los referentes a las libertades políticas y la igualdad de los ciudadanos.
Si no fueran necesarios los partidos políticos, el presidente Andrés Manuel López Obrador no hubiera hecho el suyo, aunque claro está que las motivaciones de quienes los construyen son diferentes.
El PRD, por ejemplo, surgió por la necesidad de aglutinar a quienes habían luchado en el Frente Democrático Nacional impulsando la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y para seguir participando en la construcción de una democracia que en ese momento era aspiracional.
En ningún momento el requisito para militar en sus filas fue pensar igual o no disentir, al contrario, precisamente
por eso el PRD surgió como un partido sui generis, más como un frente de fracciones y organizaciones sociales y políticas que como un ente unitario. Lo mismo confluyeron en sus filas los que venían de la izquierda radical como los de izquierda electoral o moderada. Incluso, ahí se conjuntaron las experiencias históricas de personajes polarizados, como Porfirio Muñoz Ledo y Heberto Castillo.
Hoy, bajo el nombre de Futuro 21, se intenta construir una alternativa política que sirva de espacio para que sigan participando de forma activa todos aquellos actores que están identificados con la defensa de los valores de la democracia, principalmente los referentes a las libertades políticas y la igualdad de los ciudadanos.
Desde 1989 hasta 2018, el PRD nació, creció y se disminuyó precisamente por no democratizar su vida interna y, en muchas ocasiones, practicar un modelo de ejercicio de poder vertical bajo la voluntad de un solo hombre. El costo de los errores está a la vista, pero es la militancia del PRD la que debe debatir de forma autocrítica para lograr la reconciliación interna y la reconstrucción de algo nuevo. Es el primer paso para lograr transitar hacia un esfuerzo nuevo como el que representa Futuro 21.
La legitimidad que logró un actor antidemocrático por la vía democrática (las urnas) no debe ser obstáculo para que, quienes así lo quieran, se agrupen y defiendan los principios de la democracia y las instituciones que se han construido para garantizar la libertad plena del ejercicio político. Disminuir y desacreditar al Instituto Nacional Electoral y la Comisión Nacional de Derechos Humanos es signo de regresión democrática, toda vez que su conformación se derivó de las reformas constitucionales que, a su vez, fueron producto de coyunturas de lucha social y hasta fratricida.
Por su parte, permitir que le retiren los recursos a los refugios de mujeres violentadas, que se cierren las estancias infantiles, que se disminuyan los espacios de trabajo formal, que se disminuyan los apoyos económicos a las personas de tercera edad, que se criminalice y persiga a los migrantes y se les detenga con la Guardia Nacional es regresión social y no representa la ideología de izquierda ni radical ni socialdemócrata.
Si Futuro 21 quiere ser una verdadera opción política tendrá que ser un espacio de suma de voluntades, de pensamiento, de discurso, pero, sobre todo, tiene que ser una herramienta de contrapeso, de lucha por la dignidad de las personas y por la libertad plena de la voluntad política de los ciudadanos.
El reto es mayúsculo si se considera, en primer lugar, la desconfianza que generan los partidos políticos, en segundo lugar, la comparsa de algunos partidos que ya fungen como satélites o que aspiran a serlo en un futuro inmediato y en tercer lugar, la construcción de un sistema clientelar sustentado en dádivas, que atentan contra la dignidad humana, pero que tiene como fin un voto cautivo permanente para el partido hegemónico.
Desde mi punto de vista, Futuro 21 no debe surgir como una herramienta de confrontación permanente sin ton ni son, pero tiene que ser una fuerza que enfrente y frene los señalamientos de sospecha permanente que se difunde sobre los medios de comunicación, las instituciones y los órganos autónomos de nuestro sistema democrático.
Si el PRD logra transitar a Futuro 21 entonces tendrá que ser un espacio abierto para los cientos de mujeres que tendrán posibilidades de acceder al poder por la reforma de paridad total y tendrá que ser un lugar que cobije las legítimas aspiraciones de poder político de los jóvenes que luchan por una sociedad igualitaria, pero, sobre todo, tendrá que ser un auténtico lugar para quienes nos consideramos, a mucho orgullo, un zoon politikón aristotélico.
