Tratado lleno de odio
La opinión de la mayoría de las cámaras industriales de los tres países es que el tratado anterior, era mejor que el nuevo pacto firmado
Después de la desesperada y manipulada carrera hasta el último segundo y aliento para acordar el TLC entre Estados Unidos, Canadá y México, resulta que los congresos nacionales de los tres países no discutirán el asunto, sino hasta entrado el 2019.
Por los tiempos electorales de Donald Trump, México y Canadá fueron presionados hasta el punto de ceder en temas que sabían que no les convenían. Pero la presión de Trump pudo más.
La situación es compleja. La opinión de la mayoría de las cámaras industriales de los tres países es que el tratado anterior, incluso sin “modernización”, era mejor que el nuevo pacto firmado trilateralmente.
Esto, porque las medidas proteccionistas resultan ser un estorbo que encarecen los artículos finales producidos en la zona, particularmente en el ramo automotriz. Pero esto solamente se refiere a la producción trilateral de bienes y servicios.
En otro aspecto, el nuevo tratado tiene condicionantes que el anterior no contemplaba. La inclusión del componente político enrarece la relación entre los tres países y el resto del mundo.
Se incluyó, por insistencia de Estados Unidos, la llamada “cláusula anti-China” que busca impedir que el bloque comercie con ese país asiático, alineándose así la zona de América del Norte con la guerra comercial estadunidense contra China.
Además, la forma de negociar aplicando el uso de aranceles impuestos durante la negociación permitió validar esa táctica como método legítimo de presión.
Siempre se había proscrito ese tipo de presión durante las negociaciones, para crear el mejor ambiente de negociación.
Ahora esas formas civilizadas de Trump las dejó de lado, con el propósito de lograr sus objetivos inmediatos, importándole en nada la procuración de un ambiente de entendimiento.
Ese método agresivo de negociación, también logró que dos aliados tácticos tradicionales –Canadá y México– se enfrentaran y se distanciaran.
Por un lado, México negoció “lo suyo”, dándole la espalda a Canadá en convenios bilaterales, y, como consecuencia de lo anterior, Canadá ahora le aplicará aranceles a México de algunos productos estratégicos.
Es decir, el haber firmado un acuerdo trilateral lleno de odio, simplemente, ha creado el escenario perfecto para conflictos futuros entre los tres supuestos socios. Adicionalmente, y a pesar de haber firmado el acuerdo trilateral, EU mantiene sus aranceles al acero y aluminio proveniente de México y Canadá.
El supuesto pacto entre socios se firmó en un ambiente de abierta hostilidad. Y las consecuencias están por verse.
El caso de la marabunta hondureña va a ser una prueba crucial para la nueva relación entre dos presidentes amigos. Estados Unidos le exige a México frenar la columna hondureña de migrantes en su frontera sur. Es decir, que no entren de Guatemala a nuestro país.
Como respuesta, el presidente electo mexicano ofreció empleos a todos los migrantes centroamericanos. Es una oferta que será un búmeran contra de su gobierno: la oferta, simplemente, provocará la llegada de más y más migrantes centroamericanos a partir de una oferta que el presidente electo no está en condiciones de cumplir.
Si ni él ni el país son capaces de asegurar pleno empleo a los propios mexicanos, menos lo podrán hacer para los migrantes centroamericanos.
El caso hondureño es pertinente porque Trump considera que, a partir de la firma del tratado, México está obligado a servirle de línea de contención a la migración foránea. Pero, ¿qué hacer con tanto odio?
Twitter:@rpascoep
