El Canal de Suez y el dilema de AMLO
• Se especula que tardaremos meses o años en poder medir el efecto negativo que provocó la situación en el Canal de Suez

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Durante seis días, el Canal de Suez estuvo bloqueado por un buque carguero gigante, Ever Given, de bandera panameña y dueños taiwanenses. Este bloqueo afectó el 30% del tránsito mundial en contenedores que pasan por el canal diariamente. Representa, aproximadamente, el 12% del total del comercio mundial. Más de 367 barcos, incluyendo 35 petroleros y 96 buques portacontenedores, tuvieron que esperar a que se resolviera el problema. Un profesor de Oxford sentenció: “A medida que nos volvemos más interdependientes, estamos más sujetos a las fragilidades que surgen, y siempre son imprevisibles”. Un solo barco puso de rodillas el comercio mundial. Se especula que tardaremos meses o años en poder medir el efecto negativo que la situación en el Canal de Suez provocó.
Resuelto parcialmente el bloqueo del Canal de Suez, queda la tarea de sacar las lecciones de semejante acontecimiento. Lo que debe concluirse es que la economía mundial es un mecanismo de profunda interdependencia, en todas sus etapas y cadenas de producción. Solamente las economías fallidas se encuentran al margen de la interdependencia, la cual requiere la inserción en la globalización.
México vivió en carne propia los retos de la globalización y la interdependencia cuando los tres países firmantes del T-MEC decidieron reabrir la producción de automóviles en medio de la pandemia. Resulta que hay procesos de ensamblaje de un vehículo que se traducen en tener que mover una pieza entre los tres países varias veces antes de tener el producto concluido.
De hecho, la economía mexicana está totalmente integrada a los ciclos internos de las economías de Estados Unidos y Canadá. Incluso los flujos migratorios son expresión de esa integración, a través de la migración laboral legal y la migración indocumentada. Este hecho distingue a México del resto de América Latina, cuya integración a los ciclos productivos mundiales es localizada y dependiente de los gobiernos que promueven o rechazan la globalización.
Esto nos aterriza en el caso del gobierno de AMLO. La motivación económica de este gobierno parece ser una impronta ideológica de coincidir con las economías de Sudamérica, que son las más atrasadas y disfuncionales: Bolivia, Venezuela, Nicaragua, incluso, sorpresivamente, la economía argentina. El gobierno de AMLO quiere cercenar los procesos productivos interdependientes con América del Norte para acercarse al “soberanismo” ideológico de países aislados del resto del mundo.
Concibe a México como una suerte de Nepal: un país capaz de aislarse del resto del mundo. Sin embargo, la crisis del Canal de Suez dejó en claro que el futuro del mundo está en la sana y correcta interdependencia y no en el aislacionismo boliviano, por más que los líderes de esos países alaben y festejen a AMLO.
Las modificaciones al sector eléctrico y de hidrocarburos es indicativo de su “primitivismo” localista, sustentado en un mesianismo arcaico y contra natura al mundo de México y su vínculo con América del Norte.
¿De verdad tratará de cercenar el vínculo económico con América del Norte y orientar a México hacia, por ejemplo, Bolivia? Suena absurdo y demente, pero todo indica que es lo que está haciendo con cada medida que propone.
El dilema de AMLO es si va a destruir los fundamentos de la economía mexicana en el T-MEC para llevarla al mercado de subsistencia sudamericana, o aceptar la economía mexicana globalizada y promover la igualdad en ese contexto.
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