Club de adictos al petróleo
En América Latina, Brasil, Venezuela y México son los principales países con grandes cantidades de petróleo

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Es común escuchar la tesis de que los conflictos bélicos más importantes del mundo tienen que ver con el control y abasto de petróleo. Oriente Medio, bañado en petróleo, sería prueba de esta idea. Las guerras entre Irak e Irán se dieron para controlar el Estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico, como salida de la riqueza petrolera más importante del mundo, después de Arabia Saudita, que exporta su petróleo por el Mar Rojo, además de por tierra.
Adicionalmente, el conflicto sirio también tendría que ver con los inmensos yacimientos petrolíferos que residen dentro de sus aguas territoriales en el Mar Mediterráneo. Y esto sin mencionar los yacimientos en el Mar Negro, el Mar Caspio y alrededores que han hecho de Rusia una potencia petrolera con gran influencia en Europa central y del oeste.
En América Latina, Brasil, Venezuela y México han sido, desde siempre y por razones obvias, los principales países con grandes cantidades de petróleo que enfrentan el reto sobre qué hacer con su riqueza natural, siendo, al mismo tiempo, finita y agotable. Los efectos de esa riqueza se han resentido en nuestras sociedades, por el efecto corruptor que ha tenido el influjo de grandes montos de dinero sin una contabilidad y transparencia en su manejo y administración. La economía del petróleo se mueve entre la ideología de la liberación y la corrupción. Por ejemplo, el petróleo aparece en el centro del conflicto venezolano.
Un nuevo miembro del club petrolero latinoamericano apareció. Guyana, una pequeña excolonia británica ubicada entre Brasil y Venezuela, acaba de convertirse en el cuarto integrante de ese club en nuestro continente. Siendo un país con una población de 780 mil personas en total, existen dudas acerca de cómo manejará su nueva riqueza que, posiblemente, le reportará ingresos alrededor de 10 mmdd al año.
Exxon empezó a explorar las aguas someras y profundas de Guyana desde 2016 y ha descubierto docenas de pozos que ofrecen la recuperación de 5 mmdb, que es una cantidad gigantesca, considerando que la industria petrolera calcula que un pozo con reservas recuperables de un mmdb es un “súper gigante”. Exxon planea poder extraer hasta 750 mil barriles al año para 2025, y llegará al millón de barriles al día más adelante. El acuerdo entre el gobierno de Guyana y Exxon reparte las ganancias 50-50, cuando los acuerdos internacionales tradicionales pactan un reparto alrededor de 80-20, a favor del país.
Dentro de Guyana existen posiciones diversas ante lo que viene con la nueva riqueza que pudiera colocarlo a la par de Estados petrolíferos como Qatar. Unos lo celebran, otros lo ven con gran preocupación y otros más, inspirados por religiones africanas, lo consideran una maldición.
Es probable que el acuerdo de repartir 50-50 las ganancias con Exxon provocará un debate entre gobierno y fuerzas opositoras sobre la conveniencia para el país. Ya existe una demanda de nuevas elecciones que está dirimiendo de Suprema Corte de Justicia de ese país. El sistema político es parlamentario, una calca del sistema político de Gran Bretaña.
El club de países petroleros en América Latina se ensancha con Guyana. Pero ninguno tiene visualizado qué hacer con el mundo pospetrolero que se avecina. La dependencia de energías fósiles, y los ingresos que genera, sigue siendo una adicción malsana de nuestro continente.