Desastres naturales y recuperación
Entre huracanes y terremotos, todo el Caribe, Centroamérica, México y Estados Unidos hemos sufrido golpes terribles en lo humano, social y económico en el último mes y medio. La cantidad de víctimas humanas aún no se sabe con certeza, pero se encuentra, en ...

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Entre huracanes y terremotos, todo el Caribe, Centroamérica, México y Estados Unidos hemos sufrido golpes terribles en lo humano, social y económico en el último mes y medio. La cantidad de víctimas humanas aún no se sabe con certeza, pero se encuentra, en conjunto, entre los decenas de miles de personas. Los sistemas de comunicación fueron destruidos en toda la región, mientras las redes de energía eléctrica, agua y abasto de alimentos y las redes de atención médica se paralizaron durante muchas horas, días o semanas. Por los huracanes, islas enteras fueron reducidas a escombros, como Barbuda y Puerto Rico. Cuba se encuentra ante la posibilidad de una regresión económica épica. América Central sufrió estragos de las tormentas en sus zonas costeras e inundaciones por las lluvias en sus zonas urbanas, al igual que México. Las lluvias afectaron las zonas costeras mexicanas, tanto en el Golfo como sobre el Pacífico, inundando ciudades, destruyendo instalaciones portuarias y acabando con importantes cosechas de productos agropecuarios, además de las afectaciones a las instalaciones de Pemex, tanto en el Golfo, como en tierra, como la refinería en Salina Cruz, Oaxaca.
La devastación hecha en materia de vivienda es impresionante. Millones de personas en toda la zona se quedaron sin viviendas o con viviendas seriamente dañadas. Las tareas de reconstrucción pasarán, inevitablemente, por un recuento preciso de los daños sufridos por cada país, en función de las características del desastre natural: huracán o terremoto. Todo el Caribe se va a tener que reconstruir. Es la zona más dañada de todas, sin duda alguna. Proporcionalmente hablando, la destrucción en Barbuda, Puerto Rico o Cuba es mucho mayor que la sufrida por México o Estados Unidos, lo cual no disminuye en nada el grado de sufrimiento de cada nación y su pueblo.
Mientras en México, por ejemplo, se van a requerir montos de alrededor de 3% del PIB para las labores de reconstrucción de huracanes y terremotos, y en Estados Unidos menos de 1% de su PIB, en el Caribe cada país tendrá que dedicar entre 20 y 30% del PIB para las tareas de reconstrucción. Y muchas veces ni siquiera tendrán una economía mínimamente funcionando. Como se puede apreciar, el grado de destrucción ha variado enormemente.
Cuba es un caso emblemático. Habiendo intentado transformar su economía en algo relativamente compatible con las economías globales, se quedó a medio camino y luego retrocedió a su estadio previo de una economía cerrada y sin incentivos para el crecimiento. Esa fue la decisión del Comité Central de 2016, la última vez que escuchó la voz de Fidel Castro, quien insistió en la regresión. Hoy, la consecuencia inmediata es que, en un entorno internacional más hostil, no tiene flexibilidad para crecer con otros recursos, con Venezuela en catatonia, y enfrenta la destrucción de una parte importante de la infraestructura turística, hoy por hoy el único sector económico con capacidad de dar empleos y ofrecer crecimiento en tiempos normales, fuera de la industria minera del níquel, que opera una empresa canadiense.
La tarea de reconstrucción la tenemos enfrente todos los países. La clave no sólo será si existen los recursos suficientes para garantizar una recuperación rápida y suficiente, sino que no se empañarán los esfuerzos por la burocracia ineficiente, las enjundias políticas y la corrupción. Los próximos tiempos dirán qué países pudieron salir de sus escombros y cuáles no.
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