Elecciones en EU

Los procesos electorales en cualquier país son un termómetro del estado de ánimo de la sociedad, su ciudadanía y clase política. Por esa razón, seguir el proceso electoral en Estados Unidos es observar de cerca los sentimientos que se están expresando, de viva voz, ...

Los procesos electorales en cualquier país son un termómetro del estado de ánimo de la sociedad, su ciudadanía y clase política. Por esa razón, seguir el proceso electoral en Estados Unidos es observar de cerca los sentimientos que se están expresando, de viva voz, de los habitantes de ese país.

Un primer hecho a observar es la radicalización del electorado, tanto hacia la derecha como la izquierda. Esto se refleja en la radicalización de los discursos de los principales candidatos. Si bien es más moderado en el partido Demócrata, donde Bernie Sanders se presenta como un candidato socialista y recibe el apoyo de muchos jóvenes e intelectuales progresistas, ganándole terreno a Hillary Clinton en las encuestas, es en el partido Republicano donde se ha impuesto el extremismo como norma de conducta. Parece ser que en la medida en que el discurso político y el lenguaje son más y más temerarios, más gusta al público identificado con ese partido. Se le están atribuyendo al concepto “conservador” no sólo una connotación económica, sino también política, militar y, más impactante, religiosa. La religión está por todos lados en la campaña, como si sirviera para demostrarles a los militantes islámicos que los cristianos también están dispuestos a ir a la guerra religiosa, y no les temen. Entre el socialismo de Sanders y el cristianismo de los precandidatos republicanos, se ha apoderado de las campañas un espíritu de opuestos indeclinables.

Un segundo aspecto de las campañas es que los precandidatos hablan de un país que, en su opinión, está en franco retroceso y bancarrota, moral y políticamente hablando. Casi todos, de un lado y del otro, proyectan una visión derrotista y de franco desasosiego, aunque con sus matices. Y, ante tal espectro, cada precandidato asegura que es el único capaz de llevar a Estados Unidos a una nueva etapa de crecimiento y poderío en el mundo. Les obsesiona la percepción de la declinación de la influencia estadunidense en el mundo. Los republicanos prometen afianzar su poder militar y lograr que el mundo obedezca sus mandatos. Sanders y Clinton, de lado demócrata, prefieren enfocar hacia los temas sociales y fortalecer el sistema de reparto de la riqueza hacia los más pobres. Claro, y también lograr la supremacía militar de Estados Unidos, como el mejor instrumento para asegurar la paz mundial. Todos coinciden en ver un país polarizado y sin capacidad de construir consensos. Los republicanos atribuyen ese hecho a la gestión presidencial de Obama.

Un tercer fenómeno, producto directo de los dos anteriores, es que el centro político, tradicionalmente añorado por los candidatos que quieren ganar, es despreciado hoy por una franja importante de electores. Quizás en unos meses el centro político vuelva a ser el lugar estratégico para ganar la elección, pero hoy por hoy los electores están apoyando la radicalidad, la antiinstitucionalidad y el desprecio a las formas. Los candidatos que crecen o son fuertes son, supuestamente, los outsiders del sistema político estadunidense: Trump, Cruz, Sanders.

La radicalidad, el desasosiego y el desprecio al centro político son lo que caracterizan a las campañas electorales hoy en Estados Unidos. Son los sentimientos que están permitiendo construir narrativas electorales que van a alejar a ese país de su pretendido objetivo: ser líder en un mundo en crisis. Es más, si no reestablecen el valor del centro político, pueden llevar el mundo a una época negra.

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