El Acuerdo Transpacífico: ¿hay otra vía?
EU busca cerrar filas con sus socios, impulsando la “buena vecindad”.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Cuando cayó el Muro de Berlín y la Unión Soviética se disolvió, Estados Unidos fue declarado el ganador de la Guerra Fría. Iniciada antes de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría fue el escenario mundial en el que varias generaciones de todo el mundo crecieron, viviendo los subescenarios de esa guerra en África, Asia y América Latina. Francis Fukuyama proclamó “el fin de la historia” al confirmar que el modelo de representación republicana y democrática de Estados Unidos había demostrado su clara superioridad a los estragos estatistas y autoritarios del socialismo.
En las décadas de los 80 y 90 el modelo de libre mercado se fue imponiendo, con modalidades, en todo el mundo. China y Vietnam sucumbieron al modelo económico, mientras mantenían un sistema político inspirado en el unipartidismo, lo cual es, ahora, un posible ejemplo a seguir por Cuba.
Contra el nuevo hegemonismo estadunidense empezaron a surgir brotes de resistencia, especialmente a partir del debilitamiento del dólar como moneda estándar en el mundo. Una expresión de ello fue la creación del BRICS, una asociación de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyo propósito expreso es demostrarle al mundo que “otro modelo” es posible. Es decir, otro modelo de hegemonismo al estadunidense. Al término de la Copa Mundial de Futbol en Brasil, estos cinco países anunciaron la creación de un banco mundial de fomento al desarrollo. Muchos países alabaron el esfuerzo antiestadunidense y se apuntaron para ser beneficiarios de esos recursos, hasta que se dieron cuenta de que era un fondo creado para estimular inversiones chinas y rusas.
Sin embargo, el esfuerzo más notable ha sido otro banco mundial, creado como contrapeso al Banco Mundial y al FMI, creado exclusivamente con dinero chino, pero ampliando su directorio de socios a todo aquel país que quisiera entrar con recursos propios, y no limitado a los BRICS. Estados Unidos convocó a sus aliados a no hacerle eco al llamado chino, pero muchos lo desoyeron, incluyendo Australia y Gran Bretaña. Era obvio que el esfuerzo chino, incluyendo la visita del Presidente chino a Washington hace una semana, tenía la intención de colocarse como el contrapeso mundial a Estados Unidos.
Como respuesta, Estados Unidos impulsa la formalización del Acuerdo Transpacífico, con socios comerciales convocados a hacer frente a la “amenaza china”. Ya no es propiamente una Guerra Fría, pero sí una confrontación de intereses económicos, políticos y militares a escala mundial. Estados Unidos busca cerrar filas con sus socios, impulsando políticas de una nueva “buena vecindad” con países como Cuba, para también disuadir oposiciones en América Latina a sus pretensiones hegemónicas. Ha desincentivado inversiones chinas y rusas en la región, reciclando una idea moderna del jardín trasero. La cancelación del Dragon Mart en Cancún y el tren México-Querétaro, ambas inversiones chinas, responde a decisiones estadunidenses por impedir una mayor presencia china en América Latina.
México es integrante del nuevo Acuerdo Transpacífico. Es miembro de una estrategia diseñada expresamente por Estados Unidos para hacer frente a la amenaza china a su hegemonía en la economía mundial. Sería importante que los legisladores mexicanos se interesaran por el tema, para saber si está en el interés estratégico de México ser parte del Acuerdo Transpacífico, o si debiéramos desarrollar una política exterior y comercial basada en la diversificación de mercados. Como en los tiempos de la guerra fría, ¿habrá una tercera vía posible?
@rpascoep
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