Justicia para adolescentes
La adolescencia es el periodo del desarrollo humano durante el cual se presentan los cambios más significativos de la vida.
El pasado 2 de julio, fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la más reciente reforma a nuestra Constitución. Se trata del decreto que modifica los párrafos cuarto y sexto del artículo 18 y del inciso c) de la fracción XXI del artículo 73 de la Carta Magna.
Dicha reforma pretende obligar la colaboración, entre la Federación y las entidades federativas para el funcionamiento de un Sistema Integral de Justicia para Adolescentes.
Siguiendo con la costumbre, la enmienda no busca la concurrencia de las entidades federativas: éstas se deberán someter a la legislación única reglamentaria, en materia procedimental penal, que expedirá el Congreso para establecer mecanismos alternativos de solución de controversias, de ejecución de penas y de justicia penal para adolescentes, que regirá en la República en el orden federal y en el fuero común.
Una de las razones para dotar al Congreso de esta enésima facultad es la falta de avance normativo y de implementación del sistema penal acusatorio y oral. A partir de que se complemente la reforma, deberá ser obligatoria su aplicación para los jóvenes adolescentes.
Las adiciones al texto del artículo 18 constitucional, indican que, cuando se presuma la participación en una conducta que la ley señale como delito de un menor de 12 años, éste no podrá ser procesado ni enjuiciado, sólo podrá ser sujeto de asistencia social.
El Congreso tiene un plazo de 180 días naturales para expedir la legislación reglamentaria; y se abrogará, la Ley Federal de Justicia para Adolescentes, publicada apenas en diciembre de 2012, así como, la legislación vigente de la materia, expedida por las legislaturas de los estados y la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.
Esperemos que la ley reglamentaria esté elaborada y asesorada por especialistas de distintas ciencias del conocimiento y no sólo por penalistas. La sociedad está padeciendo la participación de adolescentes en acciones antisociales y delictivas, como resultado de la falta de atención a la niñez y la juventud.
La educación básica de mala calidad —tanto la pública como la que imparten muchas instancias privadas—, la necesidad económica que obliga a los padres y madres a trabajar mayor cantidad de tiempo; la falta de oportunidades económicas; la ausencia de políticas públicas que reorganicen las estrategias para el manejo educativo, cultural, sicológico y afectivo de nuestros jóvenes, son algunas de las cosas que tienen que considerarse en este tema.
La probabilidad de éxito de la reforma, está en hacer un buen diagnóstico de las causas y orígenes de este fenómeno.
Tenemos que crear mejores condiciones económicas dentro de la sociedad y educar a nuestros jóvenes para que prefieran estudiar y trabajar, como una ruta segura para lograr su desarrollo y felicidad; en lugar de que escojan unirse a las filas del crimen organizado, como sicarios.
Cuando un joven ya delinquió o ha sido atrapado por las garras de las adicciones, ya es tarde.
La adolescencia es el periodo del desarrollo humano —entre la niñez y la edad adulta— durante el cual se presentan los cambios más significativos en la vida de las personas en el orden físico y síquico.
Como Corolario, hay que recordar lo que decía Aristóteles: “Los buenos hábitos formados en la juventud marcan toda la diferencia”.
