Nosotros y la educación
Debemos defender la educación superior.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo: platicando con compañeros de la escuela, que nos conocimos en la primaria hace más de 75 años, celebrábamos el haber recibido la educación de nuestros padres y de nuestros maestros; recordamos –como tú lo puedes hacer– los nombres y las anécdotas de aquellos maestros o maestras que comenzaron a abrir nuestros cerebros con sus enseñanzas o sus regaños. Estoy seguro que tú tienes en la mente a esa persona especial que por su calidad humana es inolvidable.
Quienes somos viejos, querido amigo, damos gracias a la vida por la educación, aunque haya sido solamente educación primaria y secundaria, o más, preparatoria y universitaria, que nos dio armas para enfrentar al mundo, y tanto tú como yo sabemos que nuestra vida sin educación no habría sido igual.
Por eso, querido viejo, no sólo debemos recordar con cariño a aquellos maestros y aquellas escuelas en las que nuestro cerebro recibió las enseñanzas que nunca olvidaremos, sino que debemos alzar la voz para defender las instituciones educativas que ahora están en peligro.
Y es cierto, querido viejo; sin que haya una explicación sensata ni justificación, se ha levantado una ola de ataques contra las escuelas y las universidades, las instituciones educativas como el CIDE y, sobre todo, las universidades como la UNAM, que son ahora víctimas de ataques, marchas, pintas y destrozos sin razón y sin razones, con el objetivo de que pierdan su papel fundamental en la preparación de los mexicanos; los cambios drásticos en las leyes de Conacyt, las cancelaciones de becas y demás anulan las posibilidades de estudiar a miles de mexicanos; debemos alzar la voz de diversas maneras para defender la educación superior, la ciencia y la investigación.
Pero además, querido viejo, ¿qué va a pasar con nuestros nietos?, también en la educación primaria hay un ataque furioso contra nuestras escuelas, el nuevo proyecto educativo desprecia conceptos y valores fundamentales, y pretenden inculcar en la mente nociones marxistas, lucha de clases, etcétera, para hacer una “transformación social”; pero, además, se promueve el conocimiento “popular”, en el que son válidas las palabras como “wuey”, “nel”, “jale”, y la pronunciación de palabras con errores gramaticales, como “subistes”, “fuistes”, “caminastes” etcétera. Nada de educación y reglas, nada de evaluación, no habrá calificaciones, no habrá reprobados y todos recibirán su certificado.
¿Te imaginas, querido viejo, lo que sucederá?, ¿qué pensarás cuando tu nieto te diga que aprendió en la escuela que tú eres un opresor y que a él le toca cambiar al mundo?, ¿cuándo te diga que no va a seguir una carrera universitaria porque es “neoliberal” y opresora de los hombres?
No es broma, querido viejo, tus nietos están en peligro de recibir una educación como la de Cuba y Venezuela, y en este proyecto se ha ignorado flagrantemente la opinión de los expertos, de los científicos, de los maestros y profesores y los padres de familia.
Tenemos tarea, querido viejo, y debemos alzar la voz para denunciar esos intentos de sovietización de la enseñanza; los resultados en Rusia, Cuba, Venezuela están ahí, la ignorancia rampante con ideas anticiencia y sin incentivos para la investigación y el desarrollo.
Tenemos tarea.
* Médico y escritor