La náusea
Se emplea el término transformación como el fruto de la modernidad, la migración,la innovación, incluso, de las revoluciones, y me pregunto: ¿de qué transformación estamos hablando?

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
La necesidad de tener razón es
signo de una mente vulgar.
A. Camus
No sé si usted, estimado lector, tiene la misma opinión de lo que está ocurriendo en el país, pero todo lo que veo y escucho me recuerda a La Náusea de Jean Paul Sartre, por ese repugnante hedor de la política, las declaraciones de los políticos, los estúpidos comerciales de los partidos y las candidaturas que parecen salidas del teatro del absurdo de Ionesco o Beckett: actorcitos, modelos, luchadores, cantantes, futbolistas, obispos, profesores, exconvictos, delincuentes, violadores y demás quieren entrar y ¡ganar las elecciones!; si ya de por sí los actuales legisladores a diario muestran su ignorancia y estupidez, todo este panorama inevitablemente ocasiona náuseas.
Y en un duelo de declaraciones se enfrentaron la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova; es triste ver a Olguita, la otrora funcionaria brillante y elegante en la Suprema Corte, convertida en dócil y menguado florero, ¡lástima, es una vergüenza para el apellido! (lo tenía que decir); en tanto que, una vez más, tranquilo y coherente, Lorenzo Córdoba señaló que la ley es la ley y le dio una lección de coherencia y libertad.
Y haciendo a un lado la náusea, dado que se multiplica al infinito la frase “Cuarta Transformación”, quise revisar qué es eso; en el ámbito de las ciencias sociales se emplea el término transformación como el fruto de la modernidad, la migración, la innovación, incluso, de las revoluciones, y me pregunto: ¿de qué transformación estamos hablando?
¿Transformación de la economía? Cuando sufrimos la peor caída de que se tenga memoria y los pronósticos para 2022 (FMI) vaticinan que el Producto Interno Bruto estará 1.1% por abajo de cuando comenzó el gobierno. ¿Transformación en Pemex y la CFE?, hoy están más endeudadas, son más corruptos que nunca y afectan el medio ambiente.
¿Transformación en salud?, el sistema de salud está destruido, se canceló el Seguro Popular, se desmantelaron los hospitales y los Institutos de Salud, murieron cientos de miles por la indolencia del secretario de Salud y sus compinches, Andrés Manuel, personalmente, despreció y pospuso las vacunaciones para médicos y personal de los hospitales privados, hay un desabasto de medicamentos nunca antes visto, y persiste la corrupción rampante en el Insabi y otros organismos; ¿transformación?
¿Transformación en la educación?, millones de niños sin escuela, miles de maestros que medran del presupuesto y hacen bloqueos y plantones, una secretaria de Educación que no sabe ni redactar una carta, y un encargado de los libros de texto que quiere adoctrinar a los niños, como en Cuba, con libros redactados en 15 días por escritores sin paga.
¿Transformación?, la pobreza creció el 14%, el desempleo 8.5%, aumenta a diario la inflación en canasta básica, electricidad, gas y gasolina, y hay caída de la construcción en 17%; se canceló la cultura, la ciencia, la investigación, el arte, el deporte, y hasta la decencia.
Y así podemos seguir, ¿cuál transformación?, lo que ocurre en México es una deformación, que es la degradación de una cultura o de una civilización, pero si seguimos así y Andrés Manuel, como cacique aldeano, insiste en sus locuras, podremos llegar a la destrucción, que es la ruina, el aislamiento, la pérdida casi irreparable del país.
¿Cuarta transformación, deformación o destrucción?, a nosotros nos toca alzar la voz para que los mexicanos tengamos futuro, no como el de Cuba o de Venezuela, y por eso tenemos que enfrentar para el 6 de junio a este temible enemigo, que no es Andrés Manuel, sino el abstencionismo.
Tradicionalmente, el mexicano ha sido indiferente a lo que está ocurriendo cada día en el país, la cifra de quienes no van a votar es estratosférica, si millones con su ausencia en las urnas dejan el lugar a personajes como los que arriba señalé, seguiremos viviendo en la náusea; y lo grave no es eso, sino que, si no logramos un equilibrio de fuerzas políticas, el 6 de junio será afectada la vida misma, la economía y el futuro personal de esos abstencionistas y de todos los mexicanos.