El “anillo al dedo” y otros cuentos
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” para seguir soñando que Pemex —con la peor calificación de Fitch Ratings— revivirá algún día, y para seguir las necedades de Dos Bocas, el Tren Maya, o Santa Lucía mientras la economía se cae a pedazos?

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Lo que Natura no da, Salamanca no lo presta.
Hay una hermosa tradición que data del tiempo de los egipcios: el anillo matrimonial; originalmente hecho en piedra o madera, era el regalo de un hombre para una mujer con la que unía sus destinos; a lo largo de la historia el anillo se forjó en plata o en oro con el mismo significado: la unión de una pareja —teóricamente— para siempre, aunque servía también para afirmar la superioridad del hombre sobre la mujer; fue el sabio y escritor Clemente de Alejandría (150-200) que, tratando de dulcificar el significado del anillo señaló, que era una alianza (aún se usa el término) “no por adorno, sino para sellar las cosas de la casa", y que se debía colocar en el anular, porque es el dedo “cuya sangre llega directo al corazón".
Así las cosas, la tradición del anillo nupcial sigue y seguirá, pero ahora nos encontramos que, desde la máxima tribuna de la nación, uno de los males más mortíferos del siglo XXI, que apareció hace unos meses y ha infectado a millones y matado a miles: el coronavirus COVID-19, se convierte en la mente del señor Presidente en el “anillo al dedo” que le permitirá lograr todos sus proyectos de la Cuarta Transformación del país.
Desde mucho antes de llegar a la primera magistratura, el señor Presidente mostró su falta de sensibilidad y calidad humana con frases y epítetos despectivos para quienes cuestionamos sus actos y sus errores; aquí señalamos los más de 150 adjetivos insultantes, calumniosos o simplemente estúpidos que dice cada mañana en cadena nacional, pero ahora, en un desplante que ignora lo que es la pandemia, desprecia o demerita la acción abnegada y heroica de miles de profesionales de la salud, el dolor de millones de seres humanos y el luto de miles en todo el mundo, considera que la pandemia le vino “como anillo al dedo” para lograr sus propósitos.
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” frente a los enfermos que perderán años de vida y frente a los deudos de quienes están muriendo en todos lados?
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” ante el derrumbe colosal de la economía que ya predijo y precisó su secretario de Hacienda, al que descalificó de manera insolente?; descalificación que, por cierto, me recordó la sabia sentencia de la Universidad de Salamanca.
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” ante los millones de mexicanos que perderán sus ingresos y sus sueldos y que enfrentarán una carestía y una miseria inimaginables hace unos meses?
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” frente a la carencia de camas, terapias intensivas, respiradores, medicamentos, hasta los insumos más básicos, y al galimatías que ahora es la Secretaría de Salud, donde el secretario no es secretario mientras el subsecretario parece secretario y donde nadie sabe quién manda?
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” para rechazar una vez más el apoyo y la ayuda de los empresarios e industriales que sí quieren que México progrese?
¿La pandemia le vendrá “como anillo al dedo” para seguir soñando que Pemex —con la peor calificación de Fitch Ratings— revivirá algún día, y para seguir las necedades de Dos Bocas, el Tren Maya, o Santa Lucía mientras la economía se cae a pedazos?
Hoy vemos que diversas corrientes de pensamiento, grupos, colectivos, asociaciones, cámaras, escritores, intelectuales, consejos y demás, alzan la voz para señalar que las cosas no pueden ni deben seguir así, que la profunda división entre los mexicanos creada desde Palacio Nacional puede tener graves consecuencias en todos los órdenes.
Y ahora, incluso el propio Presidente, acorralado por los hechos, ofreció una “tregua”, como si los mexicanos estuviéramos en guerra. No, señor Presidente, no estamos en guerra, pero es urgente, por el bien de México y por la supervivencia de la democracia, que escuche a quienes sí saben, que haya un gran Acuerdo Nacional y termine esta lucha tan feroz como inútil.
Pero, al final, creo que el coronavirus sí será el “anillo al dedo” del señor Presidente; nadie lo podrá olvidar y quedarán unidos para siempre los destinos de la pandemia y Andrés Manuel López Obrador.