Derechos de nosotros los viejos

No vemos un programa gubernamental digno de nosotros

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

¡Tengo los mismos derechos que mi hijo y mi nieto!

A. Jiménez Ruiz

Mi querido viejo: cuando éramos niños, veíamos a nuestros padres grandes, grandes, y decíamos: “tienen ya más de 30 años” y, al ver a los abuelos casi inmóviles, nos preguntábamos en qué ocupaban el tiempo, porque estaban siempre sentados en su sillón.

El mundo ha cambiado, las cifras son contundentes: cuando nacieron nuestros padres al principio del siglo pasado, la esperanza de vida era corta, poco más de 30 años; cuando nacimos, hace más o menos 70 años, la esperanza de vida ya era casi de 55 o 60 años, hoy la esperanza de vida se acerca a los 80, y quien nace hoy podrá esperar vivir 100 años sin problema.

Esto tiene, querido viejo, el lado bueno: ciertamente vivimos más, y los avances del conocimiento nos permiten vivir mejor que nuestros abuelos y nuestros padres, pero hay un lado malo: el número de viejos crece, crece sin cesar, y los más de 13 millones de mexicanos viejos que somos necesitamos casa, comida y atención a nuestros problemas de salud, de convivencia, de todo lo que hace que un individuo sea un ser humano completo.

¿Y dónde nos encontramos al hablar de Derechos Humanos de las personas de más de 60 años?, nos encontramos, querido viejo, en una situación de indefensión por dos causas: la primera, muy importante, es la falta de educación (o el olvido de cómo tratar a un viejo) de la población, que hace que nos traten como trastos viejos, con menosprecio, tan es así que mi interés por rescatar la palabra viejo es hacer a un lado los términos “políticamente correctos” tercera edad, edad de oro, adulto mayor, etcétera, que ignoran que infancia, adolescencia, madurez son palabras claras y aceptables, tanto como vejez, y así se debe nombrar.

Y la segunda razón por la que estamos en indefensión es porque las autoridades actuales no han informado qué harán para proteger a estos millones de viejos, en su casa, en su alimentación, en su salud, en su oportunidad de trabajar y participar en la sociedad, en su derecho a una vida digna, en su derecho a morir con dignidad; vemos que falta mucho y un bono de unos pesos al mes es indigno e insuficiente; ¿quién se encargará de los viejos?, ¿la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana?, ¿la Secretaría de Bienestar?, ¿el DIF?, ¿el Instituto Nacional de la Senectud?, ¿cuáles son los proyectos o programas que ya se tienen en esta nueva administración?, ¿cómo se comparan con lo que ya se hace en otros países?, ¿qué dice la Organización de las Naciones Unidas (ONU)?

Ciertamente, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos tiene un apartado en el que están los derechos de nosotros los viejos, pero eso no garantiza nada; creo que es importante que tú platiques de estos temas con tus amigos y con tu familia, porque aunque tú disfrutes de una buena vejez, tengas el cariño, el amor y el apoyo familiar, tengas una ocupación o estés yendo a la escuela, hay millones de queridos viejos que son olvidados, vejados, ignorados, enfermados y muertos indignamente, y no vemos en el horizonte un programa gubernamental digno de nosotros.

La vida del ser humano es respetable desde el primer grito hasta el último aliento y nosotros, que ya estamos en el atardecer de nuestra vida, debemos ser capaces de mirar el crepúsculo con salud en el cuerpo y paz en el corazón.

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