De caudillos, dictadores y traidores
En México padecimos caudillos dictadores y sobrevivimos; en los últimos 50 años vivimos lo que Mario Vargas Llosa llamó una “dictablanda”, buen neologismo que confirma que hay hegemonía de los gobernantes, pero con respeto a las instituciones del Estado.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Una dictadura es un régimen en el que el líder
recita en lugar de pensar.
Ignazio Silone
Para Ciro Gómez Leyva en esta etapa oscura.
La historia de los caudillos es conocida, surgen como la solución para un problema político que afecta gravemente a un pueblo; tienen el respaldo de la población y prometen la libertad, el progreso y la abundancia; el tiempo pasa y su ambición de poder los cambia, comienzan a atacar y destruir las estructuras de la democracia, agreden a las instituciones y ebrios de poder se convierten en dictadores; al final, terminan por destruir todo lo que ofrecieron construir y se convierten en traidores, traidores a sus ideales, traidores a sus pueblos, traidores a la historia.
Antes de entrar en materia, quiero expresar mi más enérgico repudio al atentado que sufrió Ciro Gómez Leyva, que se une a las agresiones a otros comunicadores como Denisse Dresser y a las muertes de 11 periodistas. México es el primer lugar a nivel mundial en crímenes a comunicadores, y la consigna presidencial de abrazos, balazos, garantía de impunidad, así como los insultos y ofensas diarias del señor Presidente contra los comunicadores, lo convierten en el responsable único de lo que ocurre en el país.
La historia tiene mucho que hablar de los caudillos, tan sólo en el último siglo tenemos los ejemplos de Alfredo Strossner, Fulgencio Batista, Leónidas Trujillo, Carlos Castillo, Fidel Castro Ruz, Augusto Pinochet, Rafael Videla, Anastasio Somoza, Manuel Noriega, Daniel Ortega, Hugo Banzer. Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Curiosamente, muchos de ellos llegaron al poder para “derrocar a los dictadores”, y terminaron siendo iguales o peores, traicionaron a sus países y los dejaron en peores condiciones; algunos de ellos están aún vivos y siguen traicionando a sus pueblos.
En México padecimos caudillos dictadores y sobrevivimos; en los últimos 50 años vivimos lo que Mario Vargas Llosa llamó una “dictablanda”, buen neologismo que confirma que hay hegemonía de los gobernantes, pero con respeto a las instituciones del Estado y concesiones más o menos aceptables, sin romper con el orden constitucional y sin generar caos.
Pero ahora tenemos la inclemente embestida de un caudillo que por años ha luchado para hacer su voluntad, y cuando no lo consiguió, mostró su intolerancia haciendo marchas, bloqueos, plantones, incluso llegando a la ridiculez de autonombrarse “Presidente Legítimo” el 20 de noviembre de 2006
Y ya desde entonces, quienes observábamos sus acciones, sus rabietas, sus insultos (“al diablo con las Instituciones”), señalamos que Andrés Manuel López Obrador era un peligro para México.
En diciembre de 2018, cuando tomó posesión como Presidente de México, ofreció —como otros caudillos—, respetar la Constitución y las leyes que de ella emanan, pero al igual que ellos, más pronto que tarde comenzó a destruir las instituciones, los proyectos y programas que habíamos construido en los 40 años anteriores: canceló el mejor aeropuerto que podría tener el país, destruyó la Secretaría de Salud, canceló los programas económicos, repudió e ignoró el cambio climático; borró la educación, la ciencia, la cultura y las artes; aniquiló la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y ahora, en el colmo, actúa como dictador y ordena que desaparezca el Instituto Nacional Electoral que permitió elecciones limpias y en orden por más de 35 años.
Con todo esto, es evidente que actúa sin recato alguno como un dictador, y como los otros dictadores, se convierte ya en un traidor a México. Su sueño de una transformación fracasó, no sólo porque entregará muy malas cuentas en todos los órdenes, sino porque en estos meses que le quedan, los mexicanos libres haremos lo necesario para evitar la ruina del país; hoy como nunca estaremos unidos para defender a México.