De la ciudad de los palacios a la CDMX

Mis casi 80 años los he vivido en esta ciudad, recuerdo cuando era vivible e iba al centro con mi mamá a ver aparadores y a Chapultepec para ver a los changos; la ciudad creció y en las ladrilleras de Insurgentes se construyó un estadio y la plaza de toros; su crecimiento siguió y un día vimos la esplendente Ciudad Universitaria como ejemplo de modernidad; llegó el Metro, los ejes viales, pero no mejoró la calidad de vida

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

En aquel tiempo el regente de la ciudad era nombrado por el Presidente y cuando eso cambió, nada cambió, porque la Asamblea Legislativa está del lado del jefe de Gobierno y le protege las espaldas.

El informe del jefe de Gobierno, que luce sonriente en los espectaculares, señala los logros, pero oculta los problemas ante la mirada impotente de los capitalinos.

El crecimiento de la ciudad es cada vez más caótico porque la planeación de la ciudad, formalizada en el Consejo para el Desarrollo Urbano Sustentable, no sirve para nada, ya que Miguel Ángel Mancera creó “Suma Urbana”, con la creación de seis “polígonos de actuación” que dará a las inmobiliarias más de mil 200 hectáreas en seis áreas vitales de la ciudad, superficie cuatro veces mayor que el Bosque de Chapultepec y dos veces mayor que el aeropuerto. Ya desde 2012 el Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos junto con organizaciones civiles exigieron transparencia y racionalidad en la planeación, pero no se logró nada; hoy, organizaciones ciudadanas de 16 delegaciones se pronuncian contra el Programa General de Desarrollo Urbano 2016-2030, pero Miguel Ángel Mancera, convertido en agente inmobiliario, ignora a millones de capitalinos que desde ahora vivimos ahogados en un mar de cemento que cada día carece más de agua y servicios elementales (el ejemplo del monstruo que se construye frente al Hospital Ángeles en el Periférico lo dice todo: lo que importa es el negocio, no los ciudadanos).

Con el ocultamiento de las decisiones del jefe de Gobierno, el desprecio por las demandas ciudadanas y su negativa a dar informes (no es posible conocer datos sobre la planta Termovalorizadora de residuos que compromete recursos por miles de millones en los próximos 30 años), la distancia entre el gobierno y los ciudadanos es cada vez mayor.

En su informe, el jefe de Gobierno señala una y otra vez sus logros, pero sus cifras no concuerdan con lo que los ciudadanos percibimos; la inseguridad y el miedo son la preocupación de cuatro de cada cinco capitalinos, en estos años se han roto los récords de robos, asaltos, secuestros, asesinatos, los cárteles de la droga en Tepito, Tláhuac y la UNAM siguen impunes (por cierto, agradezco los comentarios relativos a mi artículo sobre la UNAM); vivimos a merced del hampa.

Además de todo esto, la molestia y desesperación por las condiciones de las calles, los baches, los socavones, las inundaciones, la saturación en el Metro, el regreso de los ambulantes, las obras viales a medio terminar o abandonadas, todo hace que vivamos sin esperanza de una vida digna.

Pero nada de esto parece preocupar al jefe de Gobierno, que está orgulloso porque cambió el nombre de la ciudad y pretende dejar como herencia la Constitución Política de la CDMX, elaborada por los más diversos personajes, algunos de ellos verdaderos expertos en el tema, otros simples arrimados sin nada que aportar; pues bien, los que saben señalan que en esta Constitución hay graves errores, que tiene materias que son de competencia exclusiva del gobierno federal, que hay confusión en asuntos como el fuero, en las denominaciones de persona, ciudadano o elector, en la ausencia de datos sobre la propiedad privada, en la autorización expresa del comercio ambulante y muchas cosas más, de modo que la herencia de esta administración será un documento que se va a prestar a más actos de corrupción.

Y, por si fuera poco, siendo una de las preocupaciones de la sociedad el que se analice y se publique todo lo relativo al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), el diablo metió su mano corrupta y la Asamblea Legislativa dictaminó que el secretario técnico del Sistema no será propuesto por el Comité de Participación Ciudadana como está establecido en la Ley General del SNA, sino que será una terna propuesta por el jefe de Gobierno; de hecho, en la Gaceta Oficial se publicó un procedimiento de selección de secretario técnico distinto al aprobado en el pleno de la Asamblea, o sea que en la CDMX tendremos un “Fiscal Carnal”.

En 1834, el inglés Charles La Trobe recorrió las calles de la Ciudad de México, admiró sus casas y palacios de tezontle rojo y cantera, sus patios, sus arcos, sus balcones y escalinatas y nombró a México la Ciudad de los Palacios en su libro The Rambler in Mexico (El excursionista en México); me pregunto ¿qué pensaría hoy ese Rambler al caminar por este mar de concreto, insalubre, peligroso y deprimente?

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