Contra el odio, el amor

Como ciudadanos, debemos unirnos para apoyar a quienes nos tienen que defender.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo, no me negarás que estamos viviendo una etapa de la vida que nunca imaginamos, estamos presenciando cambios en nuestro país y en el mundo que nos inquietan, nos desalientan, nos entristecen; tal parece que el odio se ha apoderado de la humanidad entera, porque las guerras que siempre han existido, son ahora más cruentas y dejan a millones de seres humanos en la miseria, con hambre y enfermedades.

Y en una región del mundo que considerábamos civilizada, un grupo de supremacistas blancos quiere regresar la historia dos siglos, ignora los derechos humanos, amenaza a todo el mundo y viola las leyes nacionales e internacionales; el odio se ha apoderado del mundo.

Debemos reconocer que ésta es una más de las muchas etapas que ha vivido la humanidad en las que todo parece acabarse, en la que los villanos se alzan triunfadores, en la que las leyes son pisoteadas y hay miedo, sufrimiento, dolor y muerte en muchas familias, pero también tenemos que recordar que la capacidad del ser humano para remontar la adversidad siempre le ha permitido superar los problemas y hacer que renazca la cordura y el bien.

México ha vivido en guerras, ha tenido epidemias, ha sufrido hambres, ha sufrido invasiones de los extranjeros, pero siempre ha podido salir adelante.

Contra eso, querido viejo, contra todas las malas noticias, los presagios de calamidades económicas y humanitarias, y el creciente odio que parece que se respira en el ambiente, sólo hay un antídoto: el amor.

Por eso quiero hoy invitarte a que, en medio de este ambiente de incertidumbre, frente al odio de quienes quieren destruir nuestros valores, nuestra civilización y nuestras vidas, a que expreses de la mejor manera el amor, el amor en todas sus formas.

Porque desde que se supo que en Estados Unidos había un candidato que quería cambiar al mundo y que ofendió a México y a los mexicanos en forma grosera, surgieron como respuesta una serie de comentarios, escritos, mensajes en Facebook, Twitter, pancartas, etcétera, mostrando enojo, sí, pero mostrando odio hacia ese personaje y lo que representa; tal vez esas explosiones de ira sean justificadas, pero son inútiles y aumentan el encono nacional, aumentan esa sensación de odio, y oponerse al odio con odio nunca podrá ser bueno.

Como ciudadanos, debemos unirnos para apoyar a quienes nos tienen que defender; al país a nivel nacional e internacional, podemos marchar para expresar nuestro rechazo a las políticas genocidas del Presidente yanqui, pero si el odio enraíza en nuestro corazón, estamos perdiendo mucho, y si nos pasamos minutos y horas imaginando cómo podemos insultar a ese individuo, perdemos tiempo, tiempo que lo podríamos usar para algo diferente, como expresar el amor a nuestros seres queridos, a nuestros amigos, a nuestros viejos compañeros de escuela, a nuestros vecinos, a todos los que nos rodean.

Porque tú sabes bien que nosotros los viejos necesitamos del amor, el contacto físico y las caricias tanto como los niños o los jóvenes, y necesitamos expresar ese amor para alejar los demonios del rencor y el odio, que nos pueden llevar a la depresión, al aislamiento, al insomnio y a la enfermedad; por eso si encontramos a un amigo o compañero de la infancia y olvidando rencores y odios tomamos sus manos entre las nuestras, brotará una corriente de simpatía y de bienestar para ambos, y eso ni diez presidentes nos lo podrán quitar.

Venturosamente, nuestra cultura es táctil, el saludo afectuoso, el apapacho, el abrazo y unas palabras de aliento, de compañerismo, de amor, son parte de nuestra manera de ser y, además, querido viejo, no olvides que el mundo da vueltas, y que ese señor ignorante y prepotente, como decía mi tía: “en su salud lo hallará”.

                Médico y escritor 

                Facebook.- Bien y de buenas – Rafael Álvarez Cordero

Temas: