La institución presidencial y el jardín

Hace más de 30 años comencé a escribir para expresar lo que como ciudadano pienso y siento; hacerlo representó en un principio un gran esfuerzo, porque como decía don Manuel Becerra Acosta, había párrafos en los que yo “no decía lo que quería decir”, y descubrir el poder de la palabra es un proceso que lleva tiempo, tal vez toda la vida; hoy es para mí un gran gusto escribir y saber que alguien como usted, estimado lector, me lee.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Para Ángeles Ortiz, Eduardo Ávila, Luis Zepeda y todos los paralímpicos, héroes y ejemplo en la vida, héroes y ejemplo en el deporte.

Reflexiono sobre esto porque nunca antes había encontrado en los diarios, la radio, la televisión y las redes sociales tal coincidencia y uniformidad respecto a la opinión negativa que se tiene sobre el Presidente de la República; las voces que se han alzado para justificar o defender lo ocurrido en estas semanas son la excepción que confirma la regla.

Y surge la pregunta: ¿se acabó la figura presidencial?, ¿la silla presidencial, la banda tricolor cruzada en el pecho, la guardia de honor, el silencio ante el Presidente, el respeto a todo eso que está en nuestra Constitución, pasaron a mejor vida?; nunca antes el señor Presidente había sido criticado tan amplia y duramente, incluso con majaderías y con muy mala sangre.

Creo que siendo un país con un sistema presidencialista, la figura del Jefe del Ejecutivo está ahí, como están la silla, la banda, la guardia, etc., pero algo pasa; ya desde la época del presidente Vicente Fox: esa imagen intocable se deslava, se deshace por momentos como figura de arena en la playa, los presidentes ya no son lo que eran; pero es preciso reconocer que eso es positivo, porque ya no vivimos en la época en que la hora del día era “la que usted diga, señor Presidente”., y poco a poco, eso que se llama democracia comienza a consolidarse en un país que por tradición ha sido adicto a los caudillos y salvadores de la patria.

No se cuestiona pues la figura presidencial, sino a quien ahora ocupa ese honroso puesto; y  debemos analizar avances y retrocesos y comentarlos abiertamente, porque la misión del periodismo es buscar la verdad.

El Presidente afirma que no le importa la popularidad, y que debemos ver los pequeños logros que él muestra en la tierna campaña publicitaria; pienso que su desprecio a la popularidad es mentira, porque todo hombre público vive de eso, la opinión pública, y en cuanto a los “pequeños logros”, me recuerda el caso de un hombre que, de regreso a su hogar, ve de pronto que su casa se está incendiando, que las llamas surgen por las ventanas y amenazan destruir todo…  corre presuroso y en lugar de ver de qué forma puede sofocar el incendio, va a su jardín y se dedica a  contemplar y oler las flores, mientras su hogar se convierte en cenizas.

Y es que se pueden inaugurar puentes, pero no se puede ignorar el dolor de incontables  familias, uno de cuyos miembros fue secuestrado o desaparecido; se pueden develar placas conmemorativas, pero no se puede ignorar el luto de miles de familias que han perdido a un ser querido víctima de la delincuencia, del narcotráfico, de la corrupción a todos los niveles; se pueden inaugurar hospitales, pero no se puede ignorar la situación de miles y miles de mexicanos que han perdido y quebrado su negocios, han cerrado sus empresas, han visto calcinados sus transportes; se pueden celebrar aniversarios, asistir a desfiles, tomarse selfies, pero no se puede ignorar la desesperación de millones de enfermos que esperan semanas para que sus medicamentos sean surtidos; se puede hacer una reunión con jóvenes para lucirse en un show “a modo”, pero no se puede ignorar la impunidad y corrupción que está ahí en todos los órdenes de gobierno.

Al actuar así, el señor Presidente obra como el hombre que, ante el incendio de su hogar, va a su jardín a oler y admirar las flores.

Y claro que México tiene logros, y muchos; yo me precio de trabajar como médico en una organización que nació con un hospital y ahora es una gran cadena de hospitales de excelencia que da trabajo a decenas de miles de mexicanos y atención médica a millones; y sé bien que hay cientos de miles de empresas, grandes y pequeñas, y que tanto los gerentes y jefes como todos los colaboradores trabajan día y noche para hacer más grande a nuestro país.

Por eso lamento que, frente a ese panorama de México, la actitud de quien ostenta la banda presidencial sea el desprecio a la opinión pública y la negación ante las realidades del país: pobreza, marginación, enfermedad, carestía, malestar, desaliento, consecuencia de los problemas que no han sido atendidos como se debe.

“Somos más los buenos”, dice un anuncio que he oído una y otra vez; cierto, somos más los buenos, pero no por ser los buenos dejamos de ver lo que no es bueno y nos afecta a todos; “somos más los buenos” y sólo esperamos en el gobierno, como alguien dijo tajantemente: “cada funcionario funcione”.

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