Sordera
Muchos acontecimientos que vemos en estos tiempos son consecuencia de la sordera, que impi-de cualquier tipo de comunicación y solución de problemas; la sentencia “no hay peor sordo que el que no quiere oír” es patente hoy más que nunca al presenciar una y otra vez esos diálogos de sordos en diversos foros a propósito de la desaparición de unos jóvenes hace un año.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Se ha hablado hasta el cansancio de los acontecimientos ocurridos en Guerrero, pero la sordera de todos los involucrados en el asunto es patente: no quieren oír, no les interesa cualquier punto de vista que discrepe con el suyo; así las autoridades que inicialmente hicieron una (deficiente) investigación nunca dieron su brazo a torcer, sus conclusiones iniciales no variaron, fueron sordas a la demanda de una más profunda investigación, siguen actuando torpemente y no se han puesto de acuerdo para encontrar el camino correcto y resolver el problema.
Por su parte, los familiares de los desaparecidos, cuyo dolor merece el más profundo respeto, han sido sordos ante la evidencia de que nunca más podrán verlos, que están muertos y no volverán; rechazan y no quieren oír los informes de dos casos que comprueban que los restos eran de los jóvenes asesinados; su sordera los convirtió en fantasmas que recorren la República en busca de algo que nunca ocurrirá, el dolor y la sordera es mala combinación.
Sordos son los cada vez más descarados manipuladores de los pobres deudos de Guerrero, pretenden únicamente atacar al gobierno y causar cada vez más irritación social; acuden junto con los deudos a Gobernación, a la Procuraduría General de la República y aún a la Presidencia y no oyen nada, no escuchan las voces de los delincuentes que confiesan sus asesinatos y la forma como fueron realizados; para ellos no hay otra verdad que la suya, sordos son y sordos serán.
Esos grupos sociales, que en un principio aparentaban una legítima demanda de justicia, han mostrado su cinismo al cerrarse a cualquier diálogo, sordos son, y manipulan la tragedia para engañar no sólo a los deudos, sino a toda la sociedad, y convertir ese problema en un misil que apunta directamente a las instituciones nacionales.
Y ahora son sordos quienes en la Procuraduría deben proseguir su trabajo; los mexicanos hemos pedido que se investiguen los lazos de personajes como Andrés Manuel López Obrador, Jesús Zambrano, el director de la Escuela Rural de Ayotzinapa, el exgobernador Ángel Aguirre y otros más con organizaciones de criminales y narcotraficantes que se apoderaron de Guerrero desde hace tiempo; sordos son los investigadores, se niegan a hacer su tarea.
Y por esa sordera, unida a una ignorancia enciclopédica, vemos a grupitos de jóvenes y no tan jóvenes en diversas ciudades, no sólo de México, sino también de otros países, haciendo selfies con el mensaje de los “43”, lo que me recuerda a la cada vez más lamentable y decadente repetición del “2 de octubre no se olvida”, y no sólo eso, sino que ya, abiertamente, los políticos nefastos de varios partidos: PAN, PRD, Morena, sordos ante la realidad y con la más perversa intención, respaldan y abanderan las protestas, no para lograr que el asunto se aclare ni para lograr el castigo a los verdaderos culpables, sino para tener ganancias políticas; de hecho en una de las manifestaciones en el Zócalo, uno de los participantes que se dice representante de los familiares de los muertos, denunció una vez más el “crimen del Estado” y ofreció formar un frente amplio para la transformación radical de México y “crear el Partido de los Pobres” (sic); sin comentarios.
Y esos denunciantes, que a voz en cuello hablan de un “crimen de Estado”, son sordos y no se dan cuenta que, al hacerlo, están protegiendo a los verdaderos culpables, que podrían ser liberados por falta de pruebas y yo pregunto: ¿no será que los alharaquientos son en verdad parte del crimen organizado, y por eso piden que la PGR voltee hacia otro lado?
Y a nivel personal, he tenido oportunidad de comunicarme con algunos de los inconformes que publican en Facebook y me admira su ignorancia, me sorprende su candor, me entristece que usen sus energías para tan tristes demandas y sean sordos ante las evidencias.
Los crímenes de Guerrero son y serán recordados por mucho tiempo, y los interesados en que no se olviden son los políticos rastreros que pretenden ganancias secundarias y muy probablemente grupos que forman parte del crimen organizado, tanto de Guerrero como de otros estados.
Porque yo entiendo que quien perdió a su hijo lo recordará toda la vida y llevará el dolor en el corazón hasta que se muera, pero tendrá que seguir su vida como todo individuo que pierde a un ser querido, pero no entiendo ni justifico que a un año de la tragedia haya interesados en que el dolor siga vivo, la herida abierta y la desesperación a flor de piel.