Se buscan ciudadanos
La defenestración del presidente Otto Pérez Molina ha llevado a muchos a voltear hacia Guatemala, un país que se desconoce casi por completo en México, pese a ser nuestro vecino. Los acelerados han concluido que necesitamos unas instituciones como las de allá o que ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
La defenestración del presidente Otto Pérez Molina ha llevado a muchos a voltear hacia Guatemala, un país que se desconoce casi por completo en México, pese a ser nuestro vecino.
Los acelerados han concluido que necesitamos unas instituciones como las de allá o que debemos buscar ayuda internacional para combatir la corrupción y la impunidad, aludiendo a la CICIG.
Lo que se pierde de vista es el papel que jugó la sociedad civil en los hechos que llevaron al reciente encarcelamiento de las dos principales figuras políticas de la nación centroamericana.
Sin la movilización de un sector importante de la ciudadanía, cuya única bandera era la de Guatemala, la trama criminal de La Línea probablemente habría sido castigada con la detención de figuras menores y Pérez Molina y la vicepresidenta Roxana Baldetti seguirían hoy en sus cargos.
Los que hicieron la diferencia fueron ciudadanos comunes, no miembros de partidos políticos, como Lucía Mendizábal, dueña de una agencia de bienes raíces de la capital, que un día dijo ya basta y subió un mensaje en su página de Facebook llamando a sus amigos a no ser indiferentes ante las graves acusaciones de corrupción.
Era el 16 de abril y, hasta ese momento, la única evidencia de que La Línea llegaba hasta las más altas instancias del poder es que estaba involucrado Juan Carlos Monzón, secretario privado de Baldetti, un oscuro personaje apodado El Robacarros.
El martes entrevisté a Mendizábal en la radio y me relató lo que sintió ese día cuando conoció por las noticias las revelaciones.
“La verdad es que fue una indignación horrible porque han sido años de que nos estuvieran viendo la cara y había mucha gente que ya estaba hablando acerca de las elecciones (del 6 de septiembre) y que estaban sosteniendo el voto nulo.
“Pero en Guatemala el voto nulo no es vinculante. Entonces, cada vez que escuchaba a alguien que decía ‘es que vamos a votar nulo’, yo decía que ese voto sólo va a favorecer a Manuel Baldizón (candidato del partido Libertad Democrática Renovada o Líder, que en ese momento encabezaba las encuestas), quien se había pasado haciendo propaganda electoral durante cuatro años y todos le conocemos las barbaridades que ha hecho”.
Con un enorme riesgo para su seguridad personal, Mendizábal y un grupo de amigos convocaron a una manifestación.
“Y entonces les dije, a ver si ahora hacemos algo al respecto (...) en mi página de Facebook y en otra página en la que estoy y se llama Políticamente incorrecto, y prendió fuego y la gente (preguntó) ‘¿cuándo, a qué hora?’”.
Diez días después eran 40 mil personas las que protestaban contra la corrupción.
Eso se llama tener ciudadanía. Y es lo que necesitamos en México si queremos que muchas cosas cambien.
En meses recientes hemos visto en México bastantes manifestaciones. De hecho, se ha abusado del recurso de marchar en este país. Casi cada una tiene patrocinador, quien lleva agua a su molino. Por eso, los únicos efectos que tienen casi todas las manifestaciones son satisfacer los objetivos inmediatos de alguien, no los que debieran ser las grandes metas de todos.
Aquí es común que se tornen violentas. En Guatemala no tuvieron que saquear tiendas para tumbar al Presidente. Hasta la basura recogieron.
Hoy, ante casos como el de Iguala, hay quien dice que es tiempo de concretar la independencia del Ministerio Público respecto del Ejecutivo. Pero yo me pregunto con quiénes. ¿Importamos de Guatemala a los funcionarios que integrarán la Fiscalía o de dónde?
Ya lo hemos visto con el IFE (hoy INE). Ese instituto autónomo vivió sus mejores días cuando la ciudadanía organizada estuvo más pendiente de él. En el momento que creímos concluida la tarea de garantizar el voto libre, el IFE se vino abajo.
Aquí se sigue creyendo en las soluciones mágicas, las que dependen de la voluntad de los hombres. O de un hombre: de que llegue a la Presidencia un personaje inmaculado. Tenemos un trauma presidencialista, como bien describió antier Federico Reyes Heroles.
La solución está en nosotros mismos, en ser ciudadanos de tiempo completo.