Cambiar, ¿para dónde?

El martes le comentaba que es fácil percibir una gran insatisfacción en México con el modelo económico del país, pero respecto del rumbo que debiera tomar la economía mexicana veo poco consenso. La gente quiere un cambio, pero ¿para dónde? Está claro, porque así ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

El martes le comentaba que es fácil percibir una gran insatisfacción en México con el modelo económico del país, pero respecto del rumbo que debiera tomar la economía mexicana veo poco consenso.

La gente quiere un cambio, pero ¿para dónde?

Está claro, porque así lo muestran los datos, que este modelo económico no genera las suficientes fuentes de empleo y que, en cambio, produce millones de pobres.

Pero ¿cuál es el modelo que pudiera dar resultados radicalmente distintos?

La desesperación con la situación económica hace pensar a muchos que la solución está en dejar que el Estado provea los empleos y redistribuya el ingreso.

Por mucho que uno quisiera creer en esa u otras soluciones fáciles a nuestro problema de estancamiento económico, abundan ejemplos en la historia que muestran al Estado como un mal gestor del crecimiento y la igualdad social.

Cuando los jóvenes que egresan de las universidades están diciendo que no consiguen trabajo ni siquiera con un título de licenciatura, no tiene sentido –fuera de la demagogia– proponer que las universidades públicas, como la UNAM, admitan a todo aquel que quiera estudiar una carrera, al margen de sus méritos académicos.

Lo que ha probado tener éxito en distintos países es la implantación de un sistema educativo firme y riguroso en el cumplimiento de los planes de estudio.

Además, el impulso de la innovación, uno de los mejores antídotos para el estancamiento. Todo país debiera abrazar una cultura de la invención, vinculada con la investigación científica y el hambre de experimentar y emprender.

Todo país que aspire a elevar el nivel de vida de sus habitantes debiera buscar su papel en la economía global, y eso significa saber qué quiere venderle al mundo hoy, pero también dentro de 10, 20 y 30 años.

Educación, investigación y emprendedurismo son características comunes de países que han podido desarrollar modelos económicos exitosos en tiempos recientes. Pero también el respeto a la ley, la competitividad, la transparencia y la absoluta intolerancia a los actos de corrupción en dependencias públicas y entidades privadas.

Los próximos años van a ser claves para determinar el rumbo económico de México.

Los pilares del viejo Estado concebido por el nacionalismo revolucionario están quebrados: Pemex, la CFE, el IMSS y el ISSSTE.

Aun así, la tentación de resolver la falta de crecimiento y la profundización de la desigualdad mediante el Estado va a ser muy grande.

Apelar a un regreso a los tiempos en que la economía de México crecía 5% y hasta 7% anual es una salida falsa porque el mundo en el que eso ocurrió ya no existe.

En el actual, la empresa de mayor expansión, Amazon, sólo es propietaria de ¡dos! tiendas –en sendos campus universitarios– aunque su principal actividad sean las ventas. Walmart, en cambio, tiene 11 mil tiendas en 28 países.

México necesita soluciones económicas acordes con el siglo XXI. Pese a las reformas tardías e incompletas, el país sigue arrastrando un tipo de organización política que representa un lastre para su desarrollo económico.

Pregúntese usted qué diferencia tendría que un mexicano profesionista recibiera tratamiento médico en una institución pública o privada, si de todos modos tiene que pagar la prima del seguro.

No me refiero, por supuesto, a los millones de mexicanos que ni siquiera laboran en la economía formal o no tienen los suficientes ingresos para adquirir un servicio que cuide de su salud. De esos mexicanos, obvio, es responsable el Estado.

Pero a los otros, que pagan su cuota al IMSS y probablemente hayan dejado de acudir a su clínica por la deficiente calidad del servicio, les daría lo mismo quién sea el patrón de su médico.

Y, sin embargo, la cultura política sigue apostando al modelo de Estado benefactor y muchos creen que bastaría el arribo al poder de un caudillo bien intencionado para componer todo lo que no marcha en el país.

Pero nadie, ni con las mejores intenciones, puede reparar esa vetusta máquina y ponerla en marcha, porque los rieles en los que anduvo ya no están, los han cambiado.

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