Sin maestro
El vicio no se aprende, ni se copia, el vicio se elige. Se elige cada vez que falla el autocontrol, cada vez que se prefiere el camino más fácil, cada vez que se repite un mal hábito aún a sabiendas del error o la falta

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Los vicios se aprenden sin maestro
Thomas Fuller
Los vicios no necesitan de maestros, uno es su propio maestro. Vicio es algo de mala calidad, con defecto o daño; es también la falta de rectitud o el defecto moral en las acciones; es la falsedad, el engaño; es el hábito de obrar mal; es el exceso de algunos en propiedad o por costumbre son las malas manías; es el gusto especial o el apetito de algo que incita a su uso frecuente y excesivo; es la desviación, el pandeo, el alabeo.
El vicio no se aprende, ni se copia, el vicio se elige. Se elige cada vez que falla el autocontrol, cada vez que se prefiere el camino más fácil, cada vez que se repite un mal hábito aún a sabiendas del error o la falta, cada vez que se insiste en hacerse daño a uno mismo o bien, cada vez que se empeña uno mismo en no salir de su zona de confort.
Y lo peor del vicio, no es el daño que uno le cause a los demás con sus malas elecciones, lo cual ya es grave, pero nunca tanto como el daño que se causa uno a sí mismo, por su ostracismo y su necedad, por la incapacidad de superar sus debilidades y por la mentira absurda en la que se vive según sea el tipo de vicio. Lo sorprendente es que la mayoría tiene algunos, y también un amplio espectro de justificaciones que le permite mantenerse en la insensatez.
Y como en todo, hay grados. Hay de vicios a vicios, de afectaciones a afectaciones y de consecuencias a consecuencias. Hay vicios que matan y otros más que no pasan de ser malas costumbres, pero no hay vicio que ayude ni que haga bien, no es su naturaleza ni su esencia. El vicio es siempre una exageración del ánimo, una carencia encubierta, una presunta satisfacción siempre insatisfecha y un doblez que nos impide mejorar.
El vicio es una conducta que se elige, es un hábito que se persigue y un daño que se acrecienta cada vez que se hace la misma elección. El vicio es una elección en contra de uno mismo porque siempre exhibe debilidad de carácter. Pueden ser sustancias, compañías, o formas incorrectas de proceder o de comportarse; el catálogo es amplio y nunca positivo.
Por eso, hoy le invito a reflexionar y a analizar sus vicios, y, sobre todo, las consecuencias directas o indirectas. Reflexione y elija el cambio, porque siempre será más inteligente apostar por ser mejor, a ir en detrimento de uno mismo.
Créame, a veces sólo se trata de ser consciente de lo que hay detrás de ese comportamiento; otras, simplemente es cuestión de modificaciones diarias, pruébelo; sea creativo, busque nuevas opciones y atrévase a intentarlo, porque siempre hay que ejercer el control sobre nosotros mismos y nuestra vida. Ese control que nos permita reconocer y atender nuestras necesidades.
Recuerde que los vicios se convierten en un sello de nuestra propia identidad, de quiénes somos, de cómo somos e incluso de lo que somos o no capaces de hacer. Permita que sea lo mejor de usted lo que le represente y no sus debilidades, sus carencias, sus caprichos o su irracionalidad. Siempre será mejor que, si ha de educarse así mismo, lo haga en la integridad y no en el defecto.
Y no, no es un camino fácil, ni sencillo, ni, mucho menos, placentero. Abandonar un vicio es desapegase, es cambiar el pensamiento, el sentimiento, la elección y la acción todos los días, es una batalla constante, pero vale la pena, sencillamente, porque usted es el que lo vale todo. Como siempre, usted elige.
¡Felices maestros, felices cambios!