Palabras que hacen bien (VI): inmarcesible
Desde tiempos antiguos somos seres libres

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Inmarcesible se define, según la RAE, como, aquello que no se puede marchitar. La misma fuente precisa marchitar como ajar, deslucir y quitar el jugo y frescura de las hierbas, flores y otras cosas, haciéndolas perder su vigor y su lozanía, y también como enflaquecer, debilitar la robustez, la hermosura.
Inmarcesible es también una de las palabras más bonitas del castellano, en principio lo es por su complejidad, sin embargo, su belleza radica una vez más, en su significado… –que no puede marchitarse. Y no, no sólo las plantas o las flores se marchitan principalmente por falta de agua, por carecer de un entorno saludable, por la falta de cuidado o, bien, por el exceso o la imprecisión en su trato… los seres humanos también nos marchitamos con violencia o sutileza, según las circunstancias.
Desde la cosmovisión aristotélica, las similitudes entre el mundo animal, vegetal y humano ya no es un tema novedoso, la diferencia que se le daba en aquellos tiempos radica en la esencia propia del alma de cada uno, mientras las plantas tienen un alma vegetativa enfocada principalmente en la sobrevivencia. Los animales tienen un alma sensitiva (apetitiva), la cual les permite, además de la sobrevivencia, la capacidad creativa y la imaginación, por lo que ambas almas hasta aquí son irracionales y meramente funcionales para la adaptación al entorno, movilidad y apetencia.
Los seres humanos tenemos un alma racional, la cual se define como un alma capaz de llevar a cabo funciones racionales que consisten básicamente en el conocimiento de la verdad en sí misma (conocimiento científico), y el conocimiento de la verdad con fines prácticos (la capacidad deliberativa).
Así, desde tiempos antiguos y de acuerdo con la filosofía humanista, somos seres racionales y libres, es decir que podemos pensar a fin de descubrir la verdad y actuar en consecuencia. Y el primer conocimiento es la verdad que seamos capaces de asumir sobre uno mismo, y a partir de esa verdad de quienes somos, que queremos y que necesitamos tomar libremente las decisiones que mejor convengan a nuestra vida.
Y teniendo todo eso y aun a sabiendas de que somos seres vivientes más evolucionados que las plantas y los animales… cuántas veces esas verdades propias o ajenas que no saben manejarse, nos marchitan, nos ajan, nos debilitan, nos quitan el vigor, y no nos permiten apreciar la belleza que existe en nosotros mismos y en los demás…
Aceptar esto es casi como aceptar, que, en la dificultad de las circunstancias, y cuando permitimos marchitarnos, denigramos la capacidad de nuestra alma y el potencial de lo que somos situándonos, en un sistema meramente sensible, caprichoso e irracional… en una condición de simple sobrevivencia malograda.
Tenemos todo el derecho de padecer aquello que nos debilita, tenemos todo el derecho de sucumbir, de renunciar, de cambiar de opinión, de arrepentirnos de algo o de alguien, de salir de los espacios que nos afectan, tenemos todo el derecho de caer, de condolernos por nuestras pérdidas… Sí, tenemos todo el derecho de marchitarnos. Lo que no podemos es dejar de ponerle un tiempo a ese estado, lo que no podemos es reducirnos a los mínimos de lo que alguna vez fuimos, lo que no podemos es dejarnos vencer por la realidad del presente ni mucho menos por los miedos que se sitúan siempre en un futuro incierto. No, lo que no podemos es abstraernos de lo que somos, de quiénes somos, de nuestra verdad y de nuestra libertad.
Por eso hoy le invito a reflexionar sobre esto y la capacidad que tenemos de encontrar la verdad… nuestra propia verdad y de ejercer nuestra libertad ante la realidad que se presente en nuestra vida. No, no somos seres limitados a lo básico… a la sobrevivencia, a la movilidad, a las apetencias y al espacio de la imaginación… Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar la realidad que vivimos, esto implica que podemos cambiar nuestra verdad, que podemos ejercer nuestra libertad y que podemos dejar de ser lo que somos y superarnos.
No difiero de la mayoría, de que la realidad se vuelve cada vez más confusa y compleja, difiero de la manera en la que se elige la verdad en esta realidad y en cómo se ejerce la libertad, difiero de la abstracción, difiero de la frialdad, difiero de la mentira, del ilusionismo, de la falta de compromiso y responsabilidad, de la frugalidad de las relaciones, de la insensatez política y cívica; difiero de los conceptos sobre la belleza irreal y sobre el deber impuesto de la eterna juventud, de la esclavitud instintiva a lo efímero y de la precariedad del significado del valor humano…
Quien desee reducirse a sus mínimos vivientes está en todo su derecho, es parte de su libertad de elección, lo que sí habrá que recordar es que incluso en el mundo vegetal, las plantas hay que podarlas de lo que ya no sirve, remover la tierra, alimentar sus raíces, e, incluso, cambiarlas de espacio para que puedan mejorar, para que puedan renacer… los animales también necesitan cuidados, atención y límites y los seres humanos necesitamos todo eso y mucho más… la diferencia radica en que nosotros debemos elegir lo que es mejor para nuestra evolución, y que es nuestra responsabilidad proveernos de los medios y las herramientas necesarias no sólo para sobrevivir, sino para vivir la vida que queremos… piénselo… quizá también nosotros de vez en cuando necesitamos deshacernos de todo aquello que nos impide ser todo lo que podemos ser, y vivir la vida que merecemos vivir de forma inmarcesible. Como siempre usted elige…
¡Felices cambios, felices vidas!