Más intuición (III): siente y cree

Lo cierto es que nadie es mejor que uno mismo para elegir qué es lo que mejor conviene, nadie tiene ese sentir o creer que nos es innato y nos alerta

Uno no debe nunca consentir arrastrarse              

cuando siente el impulso de volar.

                Helen Keller

Se siente cuando estamos atentos, hay algo difícil de explicar… que nos orienta, qué sí y qué no nos conviene hacer, a veces con palabras, sonidos o mensajes, pero siempre existe ese algo inenarrable que nos guía, nos da pautas, nos impulsa o nos detiene, ¿corazonadas? ¿intuición? No importa cómo se le llame, pero se siente y está presente. Tómelo en cuenta para creer en ella y en usted mismo y en esa innata sabiduría interna. Sentir es experimentar sensaciones o impresiones, percibir, formar un parecer, una opinión, barruntar lo que ha de sobrevenir, es hallarse o estar de determinada manera, es considerarse o reconocerse. Sentir es lo que nos permite ser quienes somos, hacer lo que hacemos y conocer las causas de ese proceder. ¡Dudar de lo que sentimos es cuestionar nuestros análisis y percepción! ¿Por qué no mejor fluir en ese conocimiento y ahondar en ese privilegio? ¿Por qué creer más en lo que otros han experimentado? ¿Por qué dejarnos guiar por lo que otros consideran? ¿Acaso alguna vez ha fallado nuestra intuición o quizá le hemos fallado nosotros a ella?, ¿hemos dejado de creer en nosotros mismos al creer en la intuición? ¿Por qué consideramos que el sentir o el creer de otros es mejor que el nuestro?...

No se cree porque no se permite uno a sí mismo sentir ni creer ni darle valor o reconocimiento. Lo cierto es que nadie es mejor que uno mismo para elegir qué es lo que mejor conviene, nadie tiene ese sentir o creer que nos es innato y nos alerta. Nadie lo ha desarrollado más que uno mismo y para su propia vida. La intuición es personal. Por eso hoy lo invito a sentir y a creer en esa corazonada, en esa intuición. Lo invito a saber diferenciar entre la multiplicidad de pensamientos y sensaciones, a interpretar sus mensajes y a permitir que su vida se incline hacia ella. Le aseguro que no habrá nadie que pueda sentir por usted ni creer en usted o en lo que es mejor. Esa sensación de confusión, de no saber qué rumbo tomar, qué decisión elegir o qué hacer se disipa si uno mismo sabe sentir y creer en uno mismo. Y sí se puede pedir una opinión sincera, pero uno mismo debe elegir qué hacer. La vida no admite justificaciones si se quiere seguir adelante y, por supuesto, tampoco debería aceptarse ningún tipo de imposición de criterio superior al de uno mismo. Su vida es suya y el ejercicio de su libertad lo necesita íntegro y competente. Por eso mejor crea, sienta y elija su siguiente paso, que nadie le diga qué hacer, y si las dudas aparecen, cuestiónese, busque respuestas y sienta cada una de ellas… encontrará lo que necesita.

Créame… la intuición acompaña a los sueños y los anhelos más altos que tenemos, descalifica aquello que no nos conviene y nos aleja de los peligros, confíe y edúquese en esa confianza. Siéntase cómodo en el silencio y pregúntese a sí mismo sus dudas y sólo escuche, sienta y crea en eso que se le manifiesta… y fluya. La vida requiere que tomemos acción, que elijamos continuamente. Sacúdase la desconfianza y dese la oportunidad de llegar a ese lugar que siempre ha soñado. Porque siempre podemos volver a intentarlo, el arrepentimiento sólo surge ante la invalidez de uno mismo en la toma de decisiones y en el exceso de confianza otorgado a otros, por la desidia, el miedo y a la debilidad de no confiar en uno mismo. Como siempre, usted elige. ¡Feliz sentir, feliz creer… felices vidas!

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