Impedimentos

El error mayúsculo lo cometen quienes prefieren vivir ciegos, sordos, mudos y fuera de la realidad

Haz que las contrariedades te alienten    y los obstáculos te engrandezcan.

                Anónimo

Casi siempre el principal impedimento para que algo no suceda conforme a lo planeado es la existencia de un error. El error es el concepto equivocado o juicio falso; es la acción desacerta; el error es también la diferencia entre el valor medido o calculado y el valor real.

El error es la acción o acciones que uno elige o hace que, a la postre, obstaculicen el cumplimiento de sus objetivos. Y sí… sucede que no siempre las cosas salen conforme a lo deseado, incluso trabajando arduamente en ello, y no suceden porque uno mismo lo impide permaneciendo en el error.

En el error que se comete queriendo creer en lo que no es ni puede llegar a ser, en el error que uno permite instalándose en la negación de los hechos, minimizando las dificultades, asumiendo que todo lo puede o que, en definitiva... no puede estar equivocado. El error mayúsculo lo cometen quienes prefieren vivir ciegos, sordos, mudos y fuera de la realidad, antes de reconocer que se han equivocado.

Las equivocaciones pueden ir de lo más simple a lo más complejo, desde una pequeñez o un desajuste, hasta un error abismal producto de un pensamiento o una actitud que, por haber sido elegida, no se quiere modificar. Y es ahí donde el impedimento se complica… donde el error cobra protagonismo y donde lo planeado no sucede.

La necedad suele ser uno de los principales impedimentos que aparecen ante la irrealización de un deseo, posiblemente porque la necedad es producto del ego, de ese enemigo silencioso y mordaz que tantos eligen seguir y, así, fieles a su trayectoria, se mantienen firmes... incluso ante su propia hecatombe.

Increíble… sí, pero sucede tantas veces que lo deseado no se alcanza sencillamente porque uno mismo se niega a cambiar o a modificar la forma de pensar, de sentir o de vivir la realidad.

Por eso hoy le invito a ser flexible y estar abierto, a conocer a fondo todo aquello que impida que sus deseos se realicen o que su vida no sea como usted así quiere que sea. No tema revisar minuciosamente los errores que puedan presentarse y enfóquese en resolverlos, porque todo aquello que niegue surgirá tarde o temprano en otra magnitud que quizá ya no pueda resolver.

Las contrariedades, los obstáculos, los impedimentos o los errores que surjan en cualquier proceso deben de ser atendidos con inmediatez antes de seguir adelante; de no hacerlo, serán una amenaza permanente que irá ganando terreno en su paz y en su proyecto.

Mejor elija resolver cualquier circunstancia, mejor elija rediseñar, reubicar, renovar o reorganizar lo que tiene delante, incluso si eso implica hacerlo sólo en usted, en su persona, su pensamiento, sus emociones, sus actitudes o sus hechos… Más vale fallar una vez, más vale fallar hacia afuera que fallarse a sí mismo de forma ininterrumpida y reiterada por no querer cambiar de opinión, por no retractarse de lo dicho, por no echar atrás una decisión tomada, por no saber decir no o por hacer preponderantes los deseos o las peticiones ajenas sobre las suyas.

Cuando deba hacer un alto en el camino, hágalo; cuando tenga que decir no, hágalo; cuando tenga que cambiar… hágalo, su paz, sus deseos, su vida y usted… son lo primero y lo más importante, no permita que sea usted su principal impedimento para alcanzar aquello que anhela. Como siempre, usted elige.

¡Felices errores, felices aciertos!

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