Aire
No todo lo bueno resulta ser tan bueno si no se sabe qué hacer con él.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
La libertad es un aire habitual, sin perfumes exóticos, que se respira junto con el oxígeno sin pensarlo, pero conscientes de que existe.
Juan Carlos Onetti
El aire es lo primero que recibimos al nacer, y es también lo último que se nos quita; el aire parece que nos sobra en los buenos momentos y sentimos que falta en los momentos que no lo son tanto. El aire es y representa el equilibrio de nuestra propia vida, si estamos bien, lo recibimos bien; si no lo estamos, nos sofoca… Ocurre algo similar con la libertad, la necesitamos para vivir y la necesitamos para mantener en la vida la mesura… y como sin aire, sin libertad no somos nada, simplemente… no existimos.
Pero sucede que a algunos les gusta vivir agitados, así, a grandes bocanadas de aire, pero en aspiraciones cortas, breves y sacudidas, así… muy a prisa. De la misma manera, eligen vivir su libertad de forma agitada, de momentos cortos y a toda prisa. Esta libertad termina por ser similar al aire en sacudidas, cortas y breves. Así viven queriendo más aire y más libertad, pero sin saber qué hacer con ninguna de las dos, sin saber aprovecharlas, disfrutarlas y hacerlas propias para ayudarse a mantener su propio equilibrio.
Por eso que no todo lo bueno resulta ser tan bueno, si no se sabe qué hacer con él. Los hay que no saben qué hacer ni con su vida ni con el mejor y mayor de sus derechos: la libertad.
Primeramente, porque creen y sienten que todo les debe ser dado sin más y, en segundo término, porque no quieren responsabilizarse de aquello que consideran que también les pertenece, como si todo y todos tuviesen que estar a su servicio. La realidad es que todo, absolutamente todo lo que uno asume como propio lo responsabiliza, pero se olvidan…
Se olvidan todos aquellos que se ahogan con el aire y con la libertad. Ésos, los que van por la vida bufando… ufanos de dominio, como si pudiesen controlar también el aire y la libertad de los demás. Están predispuestos a hacerlo, y lo hacen, cuando alguien cede a sus aspiraciones… cuando alguien permite que otro le robe la respiración, se la agite, se la altere… cuando alguien permite que manipulen su libertad o la utilicen en su contra.
Por eso hoy le invito a ser y hacerse consciente de que usted es el único capaz de controlar el aire que respira y cómo lo hace y el único, también, capaz que gestionar su libertad, porque eso es exactamente lo que le autodetermina. Usted es el resultado del buen o mal manejo que haya dado a esos dos aspectos de su vida.
Recuerde esa maravillosa frase de George Carlin… “La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan”. Pero cerciórese de que sea usted quien así lo elija, porque de esa libertad depende su propia felicidad. No permita que nadie elija por usted los momentos que han de marcar su vida y liderarla. Llore o ría a carcajadas porque así lo siente, exprésese y sea quien elija cómo quiere ser, sentir, pensar, razonar o reflexionar su vida, porque es suya y de nadie más y, si alguien intenta detenerle, simplemente respire hondo y siga adelante… libremente, por supuesto.
Como siempre, usted elige.
¡Felices aires, felices libertades!