Una de tantas
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo lo busca en los demás. Confucio Algunos pierden demasiado tiempo en querer tener siempre la razón, en sentenciar, en enjuiciar, en estudiar lo que consideran disparates o rarezas ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo lo busca en los demás.
Confucio
Algunos pierden demasiado tiempo en querer tener siempre la razón, en sentenciar, en enjuiciar, en estudiar lo que consideran disparates o rarezas ajenas, lo pierden al intentar modificar el estado natural, real y normal de las cosas… lo pierden también al insistir en hacer valer su punto de vista, lo cual no dejará nunca de ser personal y por ello subjetivo; lo pierden en las expectativas, en los análisis y en las correcciones que pretenden aplicar en las vidas ajenas y así… finalmente lo pierden en lo que se dicen a sí mismos y en cómo se lo dicen todos los días.
Me resulta inadmisible que alguien pueda considerarse dueño de la verdad, podrá ser y, siempre será,.. dueño de su verdad, pero únicamente de la suya, no de la de nadie más. Y así, aunque sea que varios coincidan en una misma verdad, será su verdad, pero sólo eso, nunca la verdad absoluta. Pero insisten y se confunden considerando que la verdad de la mayoría es la verdad absoluta y ante esa verdad no dudan ni se cuestionan… posiblemente porque les resulta más fácil instalarse en la comodidad a la que les invita el respaldo de esas mayorías.
Y es ahí, en ese confort, donde la mente termina por apaciguar las ganas de seguir cuestionándose la vida personal y en su lugar mejor elige fundirse y confundirse en el análisis de lo ajeno. Peligroso, porque una vez que uno deja de cuestionarse su propia vida para cuestionarse en su lugar la vida de los demás, pierde su diálogo interno, y con él, la capacidad de asombro personal ante sus errores y sus aciertos, la capacidad de apreciar y valorar su propia vida y disfrutarla y, por supuesto, la capacidad de analizar lo que hace todos los días… a su favor o en su contra.
Por eso no es sabio el que todo lo sabe de todos o de todo, es sabio el que sabe sobre sí mismo todo lo que puede saber y nunca pierde la intención de conocerse más y mejor; es sabio el que desea escuchar y comprender a los demás con el fin no de criticar, sino de poder aportar algo mejor a ambas vidas; es sabio el que se estudia, se analiza, se cuestiona y se prueba en la vida, porque la primera sabiduría que debería de existir es la de la humildad de reconocer lo que somos y reconocer eso mismo en los demás.
Por eso hoy le invito a dedicarse a usted en todo lo que necesite y merece, sencillamente porque es a partir del conocimiento, del amor y de la enmienda personal que podemos conectar con los demás y con la vida. Aléjese de la cuadratura, de lo que debe ser, aléjese de las verdades absolutas, del confort, aléjese de la idea de que todo está dicho, y sobre todo aléjese de la idea de que ya no tiene nada más que aprender, que demostrar, que mostrar, que padecer o que disfrutar. La vida de uno mismo es mucho más de lo que se ve a simple vista y la vida de los demás también, pretender saberlo todo de la vida es asumir que ha terminado de vivir para empezar a morir. Como siempre, usted elige qué es lo que desea y quiere para su vida y en qué invierte o no su tiempo, lo que sí puedo asegurarle es que nunca encontrará en lo ajeno lo que está buscando y necesita para sí mismo, mejor elíjase en esa necesidad y en ese tiempo y haga todo lo posible por ser feliz antes de querer tener siempre la razón, porque no será la razón la que le lleve a la felicidad, sino que la felicidad… su felicidad será la que le lleve a poseer una buena razón.
¡Felices dedicaciones, felices merecimientos!