Cercos

Lo que es opcional nunca es el miedo, sino la duración de ese miedo.

Nada en la vida debe de ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos.

                Marie Curie.

Todos hemos sentido miedo alguna vez… es parte de la vida, de vivir la vida. Los miedos son experiencias desagradables que hemos vivido o seguimos viviendo. Se lo digo porque existen miedos fundados y miedos infundados, los primeros son posiblemente los más complejos de superar; los segundos son, también, posiblemente los más complicados con los que convivir. Y los miedos fundados se acrecientan a través de los miedos infundados, y éstos carecen de ningún tipo de experiencia que los justifique más allá de la nuestra, propiamente.

El haber vivido malas experiencias pudo permitir el surgimiento, en nosotros mismos, de temor y miedo. Miedo tantas veces paralizante y esclavo que no nos permite seguir adelante, miedo que la mayoría de las veces no es opcional, porque se teme por razones obvias. Lo que es opcional es la gravedad que le atribuimos a ese miedo, a los miedos que ese primer miedo ha sido capaz de hacernos vivir de manera permanente. Lo que es opcional nunca es el miedo, sino la duración de ese miedo y todo lo que se va perjudicando la vida en ese tiempo por ese o esos miedos.

Y sí, se vive con miedos, con miedos fundados y con miedos infundados, con temores reales e irreales, con sospechas, con dudas, con pensamientos y emociones tantas veces improductivos que terminan por sumergir a quien los vive en un circuito de aparentes protecciones poco afortunado. Los miedos no se superan nunca cuando se les cerca, cuando nos alejamos de ellos o los evitamos, no, los miedos siguen ahí al acecho hasta que uno tiene el valor de conocerlos frente a frente, cara a cara, porque sólo el conocimiento y la comprensión, como bien dice Marie Curie, son capaces de disiparlos.

Por eso hoy le invito a atreverse, a atreverse a enfrentar sus miedos, a conocerlos y comprenderlos y, sobre todo, a vivir la realidad de ese miedo y a experimentarlo. Lo importante es que logre hacer desaparecer las dudas y llenarse de certezas, porque es indudable que quien ha temido sabe bien que el alimento de cualquier miedo es, en sí mismo, el propio miedo.

Libérese, no permita que una mala experiencia le coloque en un espacio de desidia que nunca llegará a ser confortable, no continúe construyendo barreras a su alrededor en el afán de protegerse, porque al final es a su miedo a quien le construye la fortaleza y el cerco, y su miedo vive con usted. Mejor elija conocer y comprender, mejor elija vivir en lugar de revivir lo vivido, mejor elija superarlo para así superarse a sí mismo.

Elija el miedo, su miedo y no su evasión; elija la realidad y atrévase a vivirla; recuerde revivir no es volver a vivir, sino revivirse, que no es ni nunca será lo mismo sencillamente porque lo que ha sido ya no será y porque quien usted era ya no es.

¡Felices miedos, felices liberaciones!

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