Quien manda
Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer. Aristóteles Existen muchas maneras de resolver el día a día, sin embargo, conforme a mi experiencia, sólo hay dos enfoques. Cada uno de nosotros decide quién manda en sus ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer. Aristóteles
Existen muchas maneras de resolver el día a día, sin embargo, conforme a mi experiencia, sólo hay dos enfoques. Cada uno de nosotros decide quién manda en sus pensamientos, razonamientos, emociones, sentimientos, acciones y las consecuencias de cada circunstancia. El amor o el ego son los únicos dos enfoques reales y prácticos en la vida.
Opera a través del ego quien decide deslindar responsabilidades de sus acciones, quien prefiere la queja, la crítica, el capricho. Manda el ego cuando se siente que nos falla la vida y nos sentimos víctimas, cuando lo tomamos todo personal, cuando juzgamos, cuando tomamos revancha, cuando respondemos al daño, cuando la maldad impera ante la razón, cuando el egoísmo triunfa ante el entendimiento, cuando la soberbia le gana a la humildad, cuando todo lo que importa es uno mismo.
Opera a través del amor quien decide hacerse responsable de sus acciones, quien prefiere la paz, la comprensión, el entendimiento. Manda el amor cuando impera la justicia, el equilibrio, la equidad, cuando sabemos que no todo es personal, cuando dejamos ir el dolor, cuando damos la cara, cuando no respondemos al daño, cuando la bondad impera ante la razón, cuando el amor triunfa con el entendimiento, cuando la humildad gana ante la soberbia, cuando todo lo que importa es siempre más grande y más importante que uno mismo.
Cada quien elige quién manda y mandará a quien se le pueda obedecer, mandará el ego cuando sea el ego a lo único que se sepa obedecer y mandará el amor cuando el amor sea lo único que se sepa obedecer… Y siempre habrá que tener presente que en algunas ocasiones el ego nos hará sentir la obligación de obedecerlo para proteger y salvaguardar nuestra dignidad, nuestra integridad y nuestra vida.
Por eso hoy le invito a saber discernir cuál de estos dos enfoques manda en su pensamiento, en su razón, en su emoción y finalmente en sus acciones y en su vida, recuerde que según el enfoque serán, también, los resultados. Lo que sí puedo asegurarle es que nada libera más que aquellas cosas que en su obediencia, satisfacen el placer de dirigir nuestra vida hacia el mejor lugar.
Algún día tendremos que aprender que nadie está obligado a nada, que nadie está consciente de todo, que lo que vemos o nos dejan ver no es toda la realidad, que las mentiras siempre relucen, que el dolor es siempre propio, que hay silencios que ayudan y, también, palabras que salvan, que lo que queremos se puede ir, que a veces… muchas veces no es cuestión de querer, sino de poder hacerlo, que cada quien tiene sus tiempos, que la vida de nadie es perfecta, que detrás del enojo siempre hay una tristeza, que detrás de la tristeza siempre hay algún deseo perdido, un final, un inicio; que lo que se tiene siempre ha costado algo a cambio, que lo malo no dura para siempre y lo bueno tampoco, que lo que vale con el tiempo vale más, que no todas las opiniones cuentan, que no somos siempre tan importantes ni tan imprescindibles; que el respeto es el primer paso para toda buena relación, que la mejor almohada es una conciencia tranquila, que no se trata de olvidar, sino de aprender, que no se trata de aprender, sino de practicar y que no se trata de practicar, sino de perfeccionar y en ese perfeccionar está el obedecer al mejor enfoque para ser feliz.
¡Felices enfoques, felices resultados!