Silencio prodigio
Corazón mío, no hables. Puedes jugar con fuego, pero te quemarás. Bob Dylan. Hay verdades que matan... y hay quienes deciden morir con ellas y otros que deciden morir en ellas. Cuestión de enfoques. Los que deciden morir con la verdad son aquellos que eligen ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Corazón mío, no hables. Puedes jugar con fuego, pero te quemarás. Bob Dylan.
Hay verdades que matan... y hay quienes deciden morir con ellas y otros que deciden morir en ellas. Cuestión de enfoques.
Los que deciden morir con la verdad son aquellos que eligen voluntariamente defenderla, protegerla y enfrentar con ella cualquiera de sus realidades. Son las personas que saben que no necesitan mentir ni ocultar la verdad porque se han comprometido con la honestidad de sus acciones, con la obligación de cumplir con sus responsabilidades y, sobre todo, con la libertad de ser cada día más auténticos.
Por el contrario, los que deciden morir en la verdad son aquellos que insisten en querer adaptar la verdad a sus realidades, a sus necesidades e incluso a sus inquietudes. Son los que deciden sólo la verdad conveniente o la mentira disfrazada de verdad por temor a ser descubiertos... son los que dirigen sus acciones hacia objetivos meramente personales. Llegados a este punto es donde la honestidad se vuelve cuestionable y las obligaciones y las responsabilidades sólo las asumirán cuando exista un reconocimiento previo de por medio. Es triste porque su libertad y su autenticidad serán dependientes siempre de sus propias circunstancias.
En lo personal, siempre he sido partidaria de la verdad, no conozco aún terreno más firme. Me indigna, pero suele suceder cada vez con más frecuencia, que la verdad para muchos se vuelve selectiva según convenga a sus intereses. Difícil y complicado porque han decidido ver en la verdad... una amenaza. Cada vez más personas insisten en querer ocultar la verdad, sienten que la verdad les hace vulnerables, y creen que controlando la verdad pueden controlar la realidad de lo que son y no... lo cierto es que en su afán de modularla, administrarla y adaptarla... se mienten y se engañan a sí mismos impunemente.
Por eso muchas veces quienes deciden morir con la verdad deben desarrollar el silencio prodigio. El silencio prodigio es ese suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza de decir la verdad; es esa cualidad de callar lo que no gusta... el silencio prodigio es esa herramienta que han tenido que desarrollar aquellos que insisten en no mentir y en no dejar de ser quienes son.
Resulta increíble que el silencio se haya tenido que convertir en una cualidad extraordinaria a fin de proteger la verdad y no herir la susceptibilidad que produce la honestidad en estos tiempos. Pareciese que la mayoría se decanta por la mentira... ya sea por la verdad disfrazada de mentira o por la mentira disfrazada de verdad y todo con el fin de pretender engañar a la realidad, una realidad en la que propiamente se han ido incapacitando para vivir.
Por eso quienes deciden morir en la verdad prefieren utilizar ese silencio que puedan convertir en mentira. Y quienes deciden morir con ella prefieren ese silencio para seguir conservándola de manera impoluta. Y así nos vamos acercando a un lugar donde la honestidad hiere y la mentira calma, donde la verdad se oculta por temor o por seguridad, donde la ilusión es lo único que existe, donde las apariencias se convierten en verdades absolutas, donde existe total intolerancia al dolor, a la tristeza, a la pérdida... nos acercamos así a una felicidad imaginaria, supuesta, irreal, plástica y finalmente para muchos... inadmisible. Porque si algo tiene la mentira es esa carga de irrealidad que termina por hacer desaparecer tanto lo bueno como lo malo, pero también la realidad misma, que es lo único que somos y lo único que tenemos. Por eso hoy le invito a repetir esas palabras de Bob Dylan ante la necedad de quienes insisten en no querer conocer la verdad... Corazón mío, no hables. Puedes jugar con fuego, pero te quemarás.
¡Felices realidades y felices silencios!