Su hora...
A todos nos llega ese día en el que —se acepte o no— la realidad nos obliga a reconocer y reafirmar quiénes somos.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.
Pablo Neruda
Para cada uno de nosotros llega ese día obligado en el que se debe ser, se quiere ser y se aprecia ser quien uno es y no otro.
Para usted, para mí y para todos llega ese día en el que uno debe reconocerse como su mejor amigo, su mejor consejero, su mejor hacedor de sueños, su mejor confidente, su mejor inspiración, su mejor motivo... y su mejor razón, o no. Porque también ocurre que llega ese día en el que uno no puede reconocerse, como nada o como nadie, o puede reconocerse como superior a lo que en realidad es, o peor aún, puede sólo reconocer en él lo que es a partir de lo que otros... dicen.
Lo cierto es que a todos nos llega ese día en el que —se acepte o no— la realidad nos obliga a reconocer y reafirmar quiénes somos. Y, seguramente, la realidad presente un escenario perfecto para demostrar de lo que somos capaces o no de hacer por aquellas cosas o personas que nos son prioritarias.
Y llegado el día todo se esclarece para uno mismo, para los demás, para bien, para mal y posiblemente para siempre. Y como bien dice Pablo Neruda, ésas pueden ser las más felices o las más amargas de sus horas, y no tanto por la manera en la que uno pueda reaccionar, sino por todo lo que queda de uno al descubierto.
Así, como si toda su vida se resolviese en un solo instante, ese instante en el que toda su trayectoria se resume, ese instante donde todo lo que quedó del pasado se muestra, aprovechado o desaprovechado como lecciones, donde el camino del presente se decide... donde el futuro se anuncia. Ahí... en ese momento donde no se puede más que elegir, donde no se puede más que decidir la persona que somos, la que seremos y también la que nunca más volveremos a ser.
Y ese momento posiblemente no pueda ser elegido como tampoco conscientemente todas las reacciones que comporta... lo sí quedará asentado es todo lo que se ha elegido para uno mismo, todo lo que no se eligió y todo lo que está por elegirse... porque es ahí, en esas horas, en ese tiempo, donde la vida nos pone a prueba y no nos queda otra opción más que definirse. Y esa definición será también la que determine de ahí en adelante... todo lo que esperamos o no de nosotros mismos y también todo lo que los demás pueden o no esperar.
Indefectiblemente, tendremos que encontrarnos con nosotros mismos y ése será el momento más difícil, porque será el momento en el que, obligatoriamente, habrá de reconocer si ha hecho de usted y de su vida todo lo que había esperado.
También tendremos la oportunidad de reconocer si hemos hecho poco o nada por alcanzar nuestros deseos.
Y se olvida... se olvida que cada día se construye ese momento, esa hora que habrá de definirle. Cuando ese momento llegue quizás entonces podrá comprender las horas que perdió, las oportunidades que dejó pasar, las inseguridades que aceptó sin cuestionárselo, las afirmaciones que nunca se dijo, las palabras que silenció, las palabras que nunca debió decir, los errores que nunca debió dejar avanzar, las discusiones que evitó, las situaciones que eligió no afrontar, los cambios que nunca realizó. Recordará también sus escapismos, sus olvidos, sus
desidias, sus dependencias, los instantes de absoluto descontrol y la tibieza con la que estuvo llevando su vida... o quizá no...
Quizá con suerte su hora no sea tan amarga y le toque reconocer que, finalmente, todo ha valido la pena, el riesgo y la vida... que cada esfuerzo, cada decisión, cada tiempo de soledad, cada silencio elegido, cada palabra dicha, cada error corregido, cada cambio obligado, cada afirmación sincera, cada oportunidad aprovechada, cada enfrentamiento, cada discusión, cada implicación, cada negociación, cada NO, cada SÍ, cada renuncia, cada tiempo de humildad y de sinceridad, cada experiencia y cada responsabilidad asumida... han valido la pena... sólo para demostrarse a uno mismo que ese que ve y vive es absolutamente todo lo que deseó para sí mismo y que es él, que es... usted.
Y llegará su hora y se sentirá desdichado o se sentirá feliz y no por ese instante en concreto, sino por todo lo que ha elegido para usted a lo largo de su vida.
Por eso hoy le invito a reflexionar sobre esa hora, su hora, su momento... ¡¿Qué tiene para mostrar, qué tiene para reconocer?!, ¿qué tiene para ser feliz?, ¿qué es lo que construye para llegar a esa felicidad?... para llegar a apreciarse como lo más valioso que es usted y para saberse como... su mejor inspiración, su mejor motivo... y su mejor razón.
En lo personal, puedo decirle que mi hora llegó y sigue llegando, y cada vez que surge, surge también cada lección, cada elección, cada esfuerzo, cada determinación, cada cambio y cada transformación. Y sorprende, sorprende de forma magnífica saber lo que uno mismo es capaz de superar, de dejar atrás, de crecer, de avanzar, y, sobre todo, de exigirse con tal de seguir siendo el ser que ama incondicionalmente todos los días.
Créame, el mejor de los aprecios es apreciar lo que uno es y todo el camino que ha recorrido para llegar hasta ese punto, porque siempre llega esa hora y ese momento que lo pone a uno a prueba y no puede —ni debe— fallarse simplemente porque ha elegido ser quien es y no otro. Por eso, si me pregunta, le diré que no hay recetas mágicas para el aprecio sincero y personal. Sólo hay la convicción de querer ser lo mejor que se pueda llegar a ser y hacer todo lo mejor que se pueda llegar a hacer.
Al final... siempre todo vale la pena: el riesgo y la vida por lo que se desea para sí mismo, y no, nunca llegará nadie a rescatarlo... sólo llegará esa hora, su hora, la hora en la que tendrá que reconocer y reconocerse como el resultado de todo lo que ha sido... de todo lo que es y también de todo lo que no pudo ser...
¡Felices horas, felices reconocimientos!