México no cierra el círculo con la Ley de Economía Circular

La presión de grupos ambientalistas si bien está siendo escuchada, su efectividad es muy limitada.

Por Ricardo Peraza*

El pasado 14 de febrero se aprobó de manera unánime en el Congreso de la Ciudad de México la Ley de la Economía Circular de la Ciudad de México; el lado positivo de la nota es que la CDMX se convierte en la primera entidad con contar una ley en la materia; el lado negativo es que la ley genera más incertidumbres que certeza con respecto a su aplicación, beneficios y sanciones para las empresas que no cumplan con planes en la materia.

Es importante recordar que el tiempo para que México cumpla con sus objetivos de reducir 22% de sus emisiones de gases de efecto invernadero se agota cada vez más y se ve todavía muy lejano que lleguemos a la meta comprometida en 2015 al firmar el Acuerdo de Paris.

Más aún, las legislaciones que se han implementado tanto a nivel federal, incluso a nivel local, como la recién aprobada Ley de Economía de la CDMX se vuelven simplemente manifestaciones de buenas intenciones sin un verdadero sustento jurídico de aplicación y rendición de cuentas.

La presión de grupos ambientalistas si bien está siendo escuchada, su efectividad es muy limitada, incluso tanto autoridades como sectores de la iniciativa privada se vuelven sólo en acciones publicitarias de salir sonrientes en las fotos sin compromisos reales que las respalden.

Esto, en gran parte, se debe a que tanto gobierno como empresarios no han entendido que el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental van de la mano; que todos esos costos transformadores no son otra cosa que una inversión de subsistencia futura.

Aquellas empresas con una visión sostenible a largo plazo ya empiezan a tener frutos, tanto financieros como reputacionales, de esta transformación y están cada vez más conscientes de la importancia de tener políticas de responsabilidad social y medioambiental por lo que éstas representan para el éxito a largo plazo de sus propios negocios.

En primer lugar, tener políticas ambientales y sociales sólidas, ayuda a las empresas a mejorar su reputación y su imagen pública. Los consumidores y los inversores cada vez más buscan empresas que se preocupen por el bienestar social y medioambiental, y aprecian a aquellas que demuestran un compromiso real en este sentido. Al tener políticas ESG claras y bien implementadas, una empresa puede ganar la confianza y el respeto de todos los grupos de interés, entre ellos accionistas, proveedores, clientes y finalmente la comunidad donde ejercen sus actividades económicas y esto, a su vez, puede mejorar su reputación y su imagen pública a largo plazo.

Contar con este tipo de políticas ESG efectivas puede ayudar a las empresas a mitigar los riesgos y aprovechar oportunidades en el mercado. Las empresas que se preocupan por el medio ambiente y la responsabilidad social son menos propensas a enfrentar demandas y controversias, y más propensas a aprovechar las oportunidades de mercado relacionadas con productos y servicios sostenibles. Al implementar esta transformación, las empresas pueden mejorar su resiliencia y su capacidad de adaptación a un entorno cambiante.

Además, puede mejorar la eficiencia y la rentabilidad a largo plazo de una empresa. Las empresas que adoptan prácticas sostenibles y responsables pueden ahorrar dinero a largo plazo, ya que reducen los costos de energía y materiales, mejoran la eficiencia y la productividad, y atraen a los empleados más talentosos y motivados. Al implementar políticas ESG efectivas, las empresas pueden mejorar su desempeño financiero y su rentabilidad a largo plazo.

En México, las empresas que adoptan políticas ESG pueden aprovechar una serie de beneficios fiscales que incentivan la responsabilidad social y medioambiental. Estos descuentos fiscales son una parte importante de la estrategia de México para fomentar el desarrollo sostenible y ayudar a las empresas a cumplir con sus responsabilidades sociales y medioambientales.

Por ejemplo, las empresas que inviertan en proyectos de energías renovables pueden aprovechar descuentos fiscales en el ISR hasta del 100% del gasto en tecnologías verdes. Incluso, las empresas que adoptan prácticas sostenibles en sus operaciones, como la reducción del uso de energía y materiales.

Sin embargo, todavía no están claros estos beneficios y responsabilidades; tanto en legislación como en su aplicación, existen más dudas que respuestas, y tanto legisladores como empresarios parecen estar dando círculos sin llegar a ningún lado.

Abogado internacionalista y ESG*

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