Lo escandaloso de la corrupción
Es esencial entender que nuestros gobernantes son un reflejo de nuestras sociedades, así como las sociedades son el resultado de generaciones de individuos que detentan el poder para beneficio propio
Por Azul Etcheverry
Estos últimos días nos hemos visto bombardeados con videos y declaraciones a través de medios de comunicación, en los que aparecen diferentes funcionarios públicos y representantes políticos intercambiando dinero en efectivo a cambio de favores políticos y electorales.
Históricamente, hemos sabido de innumerables casos de corrupción que nos indican que dicha práctica ha sido no sólo permitida, sino, además, fomentada por la clase política mexicana, a expensas de recursos donados por particulares, sobornos o impuestos que se desvían desde los bolsillos de las familias mexicanas.
Esta serie de materiales que, recientemente, ha salido a la luz pública, nos presenta el fenómeno del serio problema sistémico de gobernabilidad que impera al amparo de una sociedad que, culturalmente, tiene vicios y virtudes que se reproducen en la clase política, y viceversa.
Ninguno de nosotros es ajeno a refranes como “el que transa no avanza” o que “tenemos el gobierno que merecemos”, que son un indicativo de la concepción que tenemos de quienes hacen la política en nuestro país, no obstante, es esencial entender que nuestros gobernantes son un reflejo de nuestras sociedades, así como las sociedades son el resultado de generaciones de individuos que detentan el poder para beneficio propio.
Por otra parte, algo que no debemos dejar pasar por alto, si es que aspiramos a tener mejores sociedades, es que nadie está sobre la ley y entender que quienes hoy aparecen expuestos al escrutinio público no son víctimas del sistema ni héroes transformadores, sino delincuentes. Sí, delincuentes, sin importar el partido político, ideología, origen o destino de los recursos, ni la nobleza de las intenciones con las que se utilizan.
Ahora bien, hay que identificar que la forma en que estos videos y declaraciones, en los que vemos involucrados a personajes de diferentes antecedentes políticos, se replican indiscriminadamente, se ha convertido más en un espectáculo mediático, que fácilmente puede interferir con la apropiada conducción jurídica que realmente nos acerque a la verdad y la consecuente impartición de justicia.
Desafortunadamente, esta misma corrupción sistémica de la que le hablo nos ha llevado a desarrollar estructuras jurídicas frágiles, en las que actualmente se dificulta la formulación de casos procesales adecuados que, verdaderamente, funjan como parteaguas en materia de corrupción política.
Por esa razón es que hoy encontramos que los tribunales electorales y judiciales no son piezas clave para resolver este problema que nos involucra a todos.
Es en parte por estas razones por las cuales, hoy la cultura política en México se basa más en el manejo de recursos, indebidos o no, que en la verdadera formulación de estrategias que fomenten el desarrollo impoluto de sociedades responsables y autosuficientes. Mientras sigamos prolongando el ciclo de la corrupción nosotros mismos, será imposible elevar esta cultura hasta las clases políticas que hoy sólo velan por sus intereses propios.
