La nueva política está cimentada por sus actores políticos, no por sus partidos

Por Gabriela López Gómez* Hace unos años, Francis Fukuyama, un politólogo estadunidense dedicado a analizar la situación política mundial, destacó que “una gran cantidad de votantes se han manifestado en contra de lo que perciben como corrupción, o el llamado ...

Por Gabriela López Gómez*

 Hace unos años, Francis Fukuyama, un politólogo estadunidense dedicado a analizar la situación política mundial, destacó que “una gran cantidad de votantes se han manifestado en contra de lo que perciben como corrupción, o el llamado establishment, y han apoyado a opositores radicales con la esperanza de hacer una purificación”. 

 Hoy podemos notar que ese intento de “purificación” por parte de los electores se hace evidente con las serias crisis de credibilidad por las que atraviesan los partidos políticos. Pasa en todo el mundo, no sólo en México. Con el desgaste de las instituciones públicas y organizaciones políticas se está formando una nueva forma de hacer política que cimienta su credibilidad en los personajes, más que en los partidos. 

 Lo hemos visto muy bien en las elecciones presidenciales de 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador logró obtener más de 30 millones de votos, convirtiéndose en el mandatario con mayor respaldo electoral en la historia reciente de México. 

Casi 4 años después, en la consulta revocatoria del 10 de abril del presente año el Presidente movilizó un poco más de 15 millones de mexicanos para ratificar su mandato y confirmar que, de cara a su sucesión de 2024, sigue manteniendo su histórico voto duro. Aunque su partido es punto y aparte, en 2022, apenas 8 años después de su registro, Morena se mantiene como primera fuerza a nivel nacional y su base se estima en casi 17.3 millones de personas. 

 Sin embargo, los resultados de la consulta dejaron ciertas lecciones interesantes, confirmando lo que ya empezábamos a percibir después del proceso electoral de 2021. 

La política mexicana sigue totalmente marcada por Andrés Manuel López Obrador, lo que impide ver con claridad el comportamiento electoral de Morena, debido a que el peso electoral del Presidente es más fuerte que el de su partido. Porque, aunque Morena, como partido político, tenga mayor apoyo a nivel nacional, ha ido perdiendo a sus electores (en el 2021 sus votos disminuyeron en 4.8 millones con respecto a las diputaciones federales de 2018). Esto aclara la situación y revela que la principal razón por la que Morena sigue siendo la primera fuerza en México es por ser el partido de Andrés Manuel. 

 En este punto regresamos a la idea con la que inicié esta columna: la nueva política está cimentada por sus actores políticos, no por sus partidos. 

Frente a la oposición casi invisible, fragmentada y débil, el Presidente mantiene su posicionamiento popular y, como dicen unos, “sin ser candidato, es realmente el candidato de nuestra preferencia, más que su partido”. 

Lo repito, el liderazgo y la popularidad de Andrés Manuel López Obrador trascienden por mucho los límites del partido y son peculiares las razones por lo que esto es así. 

Nunca habíamos tenido un Presidente activista en toda la extensión de la palabra. Desde que inició su carrera política en las comunidades indígenas del sureste mexicano hasta hoy en la Presidencia, su actuar ha estado enfocado en erradicar la corrupción, disminuir la desigualdad y tenderle la mano a los más desfavorecidos. 

La cuna del personaje político de Andrés Manuel López Obrador está en Tabasco y sus primeras inspiraciones son la resistencia del pueblo maya Yokot’an, el cardenismo y el juarismo. Andrés Manuel, antes que político, es un experimentado luchador social que hoy en la Presidencia está reformando, para bien, la política mexicana. 

Hoy podemos decir que le ha sido fiel a su propia narrativa, ha mantenido su discurso y lo ha legitimado con sus acciones, nos ha comprobado que es real. 

 Ya que él mismo dice que su poder como Presidente de la República es 100% instrumental y que debe ponerse al servicio del pueblo. Por esta misma razón, las acciones del gobierno, antes de ser ejecutadas, se deben consultar con la gente. 

Cabe recalcar que el Presidente fue el primer mandatario mexicano que se atrevió a ponerse a prueba ante todo el país, después de que en diciembre de 2021 anunciara la iniciativa de revocación del mandato mencionando que “si uno que gobierna no está a la altura y no obedece al pueblo, ¡revóquenle su mandato y fuera!”, ante miles de seguidores en el Zócalo. 

 Andrés Manuel sabe que la percepción de los votantes se va aguzando con cada elección, que son conscientes de que muchas de las figuras que en estos tiempos optan por un puesto político son personajes que anticipadamente comunican ser parte del problema y no de la solución que necesita el país. 

Muchos políticos, mandatarios y candidatos se olvidan de que, en cada una de sus acciones, intervenciones en público o directos en redes sociales se están posicionando, para bien o para mal. Aun así, ser un gran comunicador y dominar la facultad de discursar no es motivo suficiente para merecer la credibilidad. Lo importante es lograr la aceptación de la sociedad a través de la consolidación de proyectos que logren un cambio positivo y duradero en el territorio. 

Senadora de la República por el estado de Quintana Roo*

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