El monopolio fallido
PorRamón Aguirre Díaz * Imagine usted que tiene el mejor monopolio de la ciudad: no hay competencia, no hay genéricos ni sustitutos. Toda la población requiere del producto que usted ofrece y que es indispensable para cada una de las personas que integran la ...
Por Ramón Aguirre Díaz *
Imagine usted que tiene el mejor monopolio de la ciudad: no hay competencia, no hay genéricos ni sustitutos. Toda la población requiere del producto que usted ofrece y que es indispensable para cada una de las personas que integran la comunidad. Su monopolio representa una necesidad básica y está directamente relacionado con la salud y el bienestar de la población. Nadie, sin excepción, puede dejar de consumir su producto.
Bajo esas condiciones resulta claro que su empresa se encuentra en una circunstancia inmejorable para estar en condiciones óptimas. Debería contar con todos los recursos necesarios para cumplir con su función, con instalaciones modernas, amplia cobertura, con servicios de calidad, con personal altamente calificado, etcétera, junto con una muy alta aceptación y aprobación por parte de sus consumidores.
Es claro que estamos hablando del agua potable, donde, consecuentemente, los organismos encargados de prestar los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento, que trabajan en condiciones con posibilidades de una altísima rentabilidad, deberían de poder suministrar servicios de gran calidad.
Pero la realidad es otra, salvo contadas excepciones, como son los organismos que prestan los servicios hídricos en ciudades como Monterrey, Querétaro, León, Tecate, Mexicali y La Piedad, por citar los más destacados, la mayoría de los organismos operadores se encuentra en una situación muy difícil, sin recursos suficientes para cubrir sus necesidades operativas del día a día, con malos servicios y donde los más afectados son los más pobres de las ciudades, la gente más desprotegida que padece todos los días por un servicio de agua que no se les proporciona ni en las cantidades ni en las calidades mínimas aceptables.
Pero, ¿a qué se debe esta situación?, ¿por qué la regla general es que los organismos no cuentan con los recursos para atender sus necesidades operativas básicas que les permitan operar sus sistemas bajo un mínimo de eficiencia? La respuesta es clara: se debe a un modelo de gestión erróneo que implica una altísima politización de las decisiones, a la muy frecuente rotación de los funcionarios encargados, a la falta de controles y los desvíos que, consecuentemente, se tiene en todos los niveles de las organizaciones.
Lo peor de todo es que, de continuar bajo el mismo modelo de gestión, esta situación no se podrá cambiar ni en el corto ni el mediano plazos y que el tiempo se agota dada la falta de inversiones para cubrir las necesidades de mejorar el servicio en cobertura y calidad, junto con un deterioro de una infraestructura que está muy afectada, dado que cumplió con su vida útil.
¿Qué es lo que se requiere para que los organismos de agua de México puedan alcanzar los estándares de eficiencia y de servicio que se tienen en los organismos de las principales ciudades del mundo, incluso las latinoamericanas? Evidentemente, cambiar el modelo de gestión donde las decisiones no sean tomadas sólo por la autoridad municipal.
Desafortunadamente, es una realidad que las soluciones del sector agua potable y saneamiento requieren de una visión a largo plazo, sobre todo para ciudades medianas y pequeñas, donde un periodo de tres años es totalmente insuficiente para alcanzar soluciones efectivas, por lo que la visión cortoplacista de un periodo municipal no es la adecuada.
No se trata de romper un esquema de descentralización, sino de implantar soluciones técnicas, con visión de largo plazo, sustentadas en consejos de administración que dirijan a los organismos y donde predomine la participación de representantes de la sociedad civil y de los sectores económicos, con la finalidad de implementar un esquema de vigilancia de los recursos y de la toma de decisiones. Algo de lo que habrá que abundar.
Pero el tiempo se agota para lograr un cambio de fondo en un sector vital que debería ser prioridad nacional.
