Educar en pandemia: ésta no es una “pausa educativa”
• #Quedatencasa encierra múltiples significados,por un lado, la responsabilidad de cuidarnosy cuidar a los demás, pero, en un contexto macro, significa la reconfiguración de nuestra vida al extremo.
Por Susana Memun Zaga*
La covid-19 ha ocasionado grandes transformaciones en la vida de todos los seres humanos. Es pronto para hacer un balance de la situación, lo más complejo es comprenderla mientras se transita. ¿Cómo escribir nuestra experiencia mientras nos encontramos en medio del desafío?, ¿cómo medir las consecuencias de una realidad que, además, tiene la mirada puesta en la añoranza del reencuentro con la “normalidad"?
Cuando nos encontramos en una situación límite hacemos uso del lenguaje, nombramos a través de categorías para dar sentido a la realidad en la que vivimos. Comprendemos el mundo a partir del discernimiento entre dos extremos; hoy en términos de la pre y pospandemia. Sin embargo, quizá una idea disruptiva sería pensar, ¿qué hay en medio de este antes y después?
En el medio está este último año, en donde reconocemos panoramas contrastantes que admiten matices. Por un lado, el acceso, el desarrollo de competencias digitales, la posibilidad de conexión, las narrativas extendidas, las arquitecturas digitales y la reconfiguración del espacio escolar y sus dimensiones, aunque debo decir que acceso no es una condición de calidad, para orquestar estas ventajas es necesaria una mediación pedagógica situada.
Por el otro lado, reconocemos la falta de acceso, la brecha y el analfabetismo digital, la desigualdad, la unilateralidad masiva de la TV y la radio, la deserción escolar que crece y el cansancio extremo de los docentes, de los estudiantes y de nuestras familias. En este punto medio también reconocemos el silencio de las autoridades en materia de educación y, en contraste, la absoluta dedicación de los docentes, alumnos, madres y padres de familia que han hecho hasta lo imposible con los recursos que tienen.
#Quedatencasa encierra múltiples significados, por un lado, la responsabilidad de cuidarnos y cuidar a los demás, pero, en un contexto macro, significa la reconfiguración de nuestra vida al extremo.
El confinamiento nos obligó a trasladar el trabajo a nuestra casa, a dejar las aulas, a posponer la interacción social y la convivencia natural con los compañeros y adultos; a migrar la escuela al espacio virtual y personal de cada estudiante y docente en nuestro país. Nos obligó a modificar nuestros hábitos, a rediseñar la dinámica familiar, a ver entre líneas las enormes grietas y desencuentros en nuestra sociedad. Nos obligó, en una palabra, a tomar decisiones que impactan, para bien y para mal, en la vida y el futuro de los estudiantes de nuestro país, en cada una de sus etapas formativas.
A un año de distancia, observo con preocupación que existe una realidad contradictoria, heterogénea y desafiante para la educación en nuestro país, no estamos ni cerca de resolver el problema, las soluciones generales no aplican en contextos tan diversos.
La educación es un derecho universal que hoy está sujeto en términos de acceso y omisión. El sistema educativo está tensionado, es urgente reflexionar críticamente sobre el concepto de comunidad escolar, más allá de sus muros, más allá de los recursos y del acceso, ¿cuál es el lugar que ocupa la escuela en la vida, formación y aprendizaje de los estudiantes?
Seamos claros, la realidad nos alcanzó, dejemos de pensar en la añoranza de la escuela que cerró un año atrás para pensar en prospectiva en la escuela que queremos construir. Ésta no es una “pausa educativa”, es la posibilidad de consolidar un fortalecimiento profundo de nuestras comunidades escolares.
*Coordinadora académica y docente en Universidad Anáhuac
