Fake news y periodismo científico
El periodismo serio acude a las fuentes, estudia, compara, pondera y busca acercarse a la verdad. Sin embargo, existe mucha manipulación e intereses detrás de las noticias.
Por Santiago García Álvarez*
El término fake news fue denominado “Word of the year 2017”. Cuando escuchamos este concepto generalmente pensamos en aquellas noticias que surgen de manera sospechosa, principalmente en las redes sociales, aunque también en medios tradicionales, que no tienen una fuente sólida que las sustenten y que dan lugar a que mucha gente sea engañada. Incluso se habla de personas que pagan dinero a otras para conseguir sus fines difundiendo información falsa.
El mundo periodístico tradicional ha puesto el dedo en la llaga y nos recomienda ser muy precavidos cuando llegan estas noticias. Al mismo tiempo, los expertos nos animan a buscar fuentes certeras, como puede ser algún medio de comunicación conocido o un diario de prestigio. Una sugerencia adicional es que el lector cruce la información que ha recibido con alguna otra fuente y, de esta manera, pueda tener mayor garantía de su veracidad.
Todas estas recomendaciones han ayudado a prevenir contra esta cultura de las fake news o a desmentir información falseada proveniente de este fenómeno.
El periodismo serio acude a las fuentes, estudia, compara, pondera y busca acercarse a la verdad. Son muchos los periodistas que se desempeñan con este nivel de profesionalismo, sin embargo, también es cierto que existe mucha manipulación e intereses detrás de las noticias provenientes del periodismo tradicional.
Aunque muchas notas están “arropadas” por un proceso informativo “metódico y profesional”, el manejo de la información por parte de los medios muchas veces lleva a los receptores de la noticia a conclusiones incompletas
o erróneas.
Este fenómeno solemos verlo en noticias concretas que provienen de distintas y numerosas fuentes. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con encabezados que descontextualizan una noticia y llevan al lector a sacar conclusiones manipuladas? Quizá muchas.
Esto no se trata, oficialmente, de fake news, pues las notas surgieron de un proceso profesional, de una fuente concreta y parten de hechos verificables. Sin embargo, su manejo puede llevar al lector a conclusiones muy distintas de la realidad.
Por otra parte, es sabido que existen líneas editoriales. Cuando se analizan exhaustivamente los contenidos de prestigiosos medios, podemos notar que se busca generar –en el público objetivo- una particular manera de percibir la realidad. ¿Son falsas esas noticias? No necesariamente. Sin embargo, las conclusiones de los observadores tenderán a seguir la línea deseada por el medio y, en muchas ocasiones, puede tratarse de conclusiones muy parciales o incompletas que acaban tratando a personas o instituciones de
manera injusta.
Sería interesante plantear el debate más allá de las fake news descaradas. Un debate sobre el periodismo aparentemente serio, que parte de hechos y que utiliza un proceso metodológico, pero que puede tener intereses alejados de la búsqueda de la verdad. Si el objetivo de los medios de comunicación es constituirse como un cuarto poder, entonces el enfoque ha sido el correcto; pero si lo que se busca es informar de manera veraz al público para contar con información completa y verdadera, me parece que estamos muy lejos de conseguirlo.
A propósito de este tema de moda, las fake news, y de la crítica severa
–con tintes de puritanismo- que ha surgido del mundo periodístico tradicional hacia las redes sociales o los medios sensacionalistas, me parece pertinente plantearnos lo siguiente: nos molestan las fake news, pues engañan a la gente y la alejan de la verdad. Sin embargo, en no pocas ocasiones, lo tendencioso o malicioso de ciertos medios “profesionales” logra en muchas personas un efecto parecido a las fake news. Seguir un proceso periodístico “científico” no necesariamente comunica la verdad. Partir de “hechos constatables” no siempre transmitirá la realidad de
los hechos.
Los juicios mediáticos no necesariamente son justos y con frecuencia calumnian o difaman. Sin dejar de lado las importantes conquistas como la libertad de expresión y el efectivo contrapeso contra los poderes clásicos, aprovechemos esta coyuntura para reflexionar sobre cómo conseguir que las personas accedan a ese derecho fundamental de contar con la información completa y objetiva.
En este mundo de poder y de libertades, el gran perdedor ha sido la gente común y corriente, que termina guiando sus decisiones a partir de información, muchas veces tergiversada, muy alejada de la verdad.
*Rector del campus México de la
Universidad Panamericana
