Las palabras importan: mujeres, nos están matando
Me estremece descubrir cosas que he visto miles de veces, pero que en algún momento, por alguna razón que agradezco, dejé de asumir como normales
Por Jaina Pereyra
No sé por qué me pasa, pero hay días en que camino por el mundo viendo todo como si fuera la primera vez, descubriéndome en una realidad cotidiana y, al mismo tiempo desconocida. Me estremece descubrir cosas que he visto miles de veces, pero que en algún momento, por alguna razón que agradezco, dejé de asumir como normales. La forma en la que nuestra sociedad se refiere a las mujeres es una de ellas.
Hace dos semanas desapareció Carmen. Una chica de 19 años que tiene un hijo de dos y cuya búsqueda se ha dado en estrecha proximidad a la dinámica familiar de mi mamá.
Salvador Camarena ha dado cuenta detallada de esa desaparición y de la dolorosa indiferencia que sus familiares han encontrado en las autoridades (https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/diario-de-una-desaparicion-iii.html). Pareciera que disfrutan tenerlos en la incertidumbre, que gozan preguntando con sorna si Carmen no se habrá ido con “el novio” porque, ni desaparecida, Carmen se salva del juicio; de la implicación de que su libido es la razón de todo lo malo.
Cada vez que hablo con mi mamá para que me actualice sobre la búsqueda, siento impotencia y ansiedad. ¿Cómo vivirá su hermana cada minuto en que la autoridad es omisa, cuando cada minuto es un riesgo de violación, de tortura, de muerte?
De pronto adquieren nuevo sentido las palabras de las víctimas de los desaparecidos que escuché en algún evento. De repente vuelvo a escucharlas en mi memoria y, a pesar de que en su momento me habían impactado y conmovido, hoy tienen una dimensión diferente: revictimización, desamparo, indiferencia, impotencia, autoridades inútiles... Al teñirse de experiencia, sus palabras se han llenado de contenido y, con ello, de sensación; se han vuelto más poderosas.
Al tiempo que voy pensando en eso, paso por un espectacular de una alerta Amber que anuncia la desaparición de una niña de quince años.
Al día siguiente, desaparece otra niña en un viaje de Cabify. Una semana después, sabemos que asesinaron a Mara Fernanda Castilla. Ayer me mandan el video de #AlertaMujeresMX (https://www.youtube.com/watch?v=9F_h9pIM0Bo); un video en el que un grupo de mujeres señala el miedo con el que vivimos constantemente y, como reacción a la indiferencia de las autoridades, dan consejos prácticos para que nos cuidemos entre nosotras de la violencia misógina. La sororidad como tabla de salvación.
Ver el video se siente como gritar en una caja de cristal. ¿De verdad esto es nuevo para alguien?
Hace unos días escuché a Esteban Arce advertir sobre lo que él en su supina ignorancia piensa que es la “ideología de género”: una “moda” a la que culpa de “negar la naturaleza y los valores fundamentales”.
Un día después, al rector de la Universidad Madero, localizada en Puebla, el estado en donde asesinaron a Mara y quien, por cierto, no ha sido cesado en su cargo, diciendo que a las mujeres nos matan porque nos “excedemos” en nuestras libertades. Claro, caminamos en la calle, trabajamos, salimos de fiesta, expresamos nuestra opinión, tenemos relaciones sexuales (eso es lo peor, siempre es lo peor).
Su diagnóstico es claro: habemos mujeres de diferentes valores, y las que menos valemos somos precisamente ésas que asumimos que por ser mujeres, somos personas; ésas que creemos que merecemos ser libres y que tenemos derechos; ésas, sin duda alguna, somos de moral cuestionable y, naturalmente, por eso merecemos morir.
Los escucho y es como si, a pesar de saberme vulnerable todo el tiempo, todos los días, en todos lados, la magnitud de la misoginia con la que convivimos se me revelara por primera vez en su enorme dimensión.
Mi mente vuelve a Carmen. ¿Qué tal que el del MP escuchó a este par y se convenció de que Carmen no merece ser buscada porque se embarazó a los dieciséis... o porque se quiso “exceder” en sus libertades y se fue con el novio?
Por eso, justo por eso tenemos que cuidar tanto las palabras. Porque, en un descuido terminan dándole la razón a quien nos desaparezca o eximiendo de culpa a quien nos mate.
*Especialista en discurso. Directora de Discurseros SC
