¿Hasta dónde alcanzará la polarización?

Será por demás interesante seguir el curso de la política estadunidense de cara al proceso de reelección del presidente Donald Trump.

La incógnita es si la estrategia de la polarización, ejecutada con toda disciplina desde la oficina oval de la Casa Blanca, seguirá siendo igual de efectiva en la determinación del triunfo electoral en la contienda presidencial o si, por el contrario, las condiciones llevadas al límite habrán de hacer optar a los votantes por nuevas formas de hacer política, con el objetivo de dejar atrás los efectos negativos de la confrontación en la que han estado inmersos durante meses.

Por lo visto, Donald Trump está dispuesto a dejar todo en la mesa de juego. Nunca antes en la historia de la primera potencia mundial un gobierno había permanecido parcialmente cerrado por 35 días, como producto de la intransigencia de la Casa Blanca en su intención de obtener cinco mil millones de dólares para financiar la construcción del muro fronterizo con México. Objetivo de la estrategia de polarización presidencial que, hasta ahora, los legisladores demócratas han rechazado concederle.

Por lo visto, no hubo costo económico o social que incentivara la salida rápida del diferendo político. La prensa estadunidense fue insistente en la difícil situación por la que pasaron 800 mil servidores públicos, quienes se estima deben el pago de 438 millones de dólares en tan sólo hipotecas y pago de rentas del último mes, periodo en el que se vieron impedidos de cobrar su salario. Asimismo, se calcula que los proveedores de gobierno perdieron 200 millones de dólares al día, por la falta de pago a los servicios prestados.

Los focos rojos se mantienen encendidos también en los análisis del desempeño económico, dado que este cierre parcial puede llegarle a costar a la economía de ese país hasta medio punto porcentual del PIB. Dicho impacto si bien no es condición suficiente para detonar una recesión que amenaza desde hace tiempo a Estados Unidos, en caso de que ésta suceda como consecuencia de otros factores, seguramente Donald Trump será acusado de haber abonado a ella.

Cierto es que, con o sin recesión, quienes en mayor proporción pagan los platos rotos son los grupos vulnerables, en especial aquellos que reciben transferencias para alimentación y educación, ante la escasez de recursos fiscales que se presentó para resolver sus necesidades más básicas. Por éste y otros riesgos a nivel de las comunidades, la Asociación Nacional de Gobernadores llamó a no hacer del cierre parcial del gobierno, el mecanismo para forzar en el futuro soluciones políticas entre la Casa Blanca y el Capitolio, que generó estragos en varias entidades de la Unión Americana.

Lo llamativo es que, a pesar de todos los costos económicos y el malestar en amplios círculos sociales que la intransigencia del presidente Trump genera, las encuestas muestran apenas una pérdida de dos puntos porcentuales a su nivel de aprobación. Ni siquiera una pérdida de respaldo popular por encima del margen de error, lo cual mantiene en la estabilidad a la figura presidencial, más allá de lo que provoque o deje de hacer. Esta condición pareciera estar obligando, por un lado, al Partido Republicano a persistir alineado con la estrategia del mandatario estadunidense, así no coincida con sus premisas; y por el otro, un Partido Demócrata sin posibilidad de capitalizar políticamente la situación de agravio a amplios sectores de la sociedad estadunidense.

Sin duda, el piso electoral de Donald Trump pareciera estar claro y éste representa dilemas complejos de resolver, tanto a sus adversarios externos como a la oposición que enfrenta al interior de las filas republicanas. La interrogante es si su estilo de gobierno le hace cada vez más reducido el techo de crecimiento de su posible respaldo electoral y que esa condición pudiera abrir el cambio en el liderazgo de la Casa Blanca en 2020.

Todo esto hace interesante la construcción del escenario electoral que habremos de presenciar. Sumado a que una diversidad cultural del Partido Demócrata, a favor de la tolerancia y la inclusión, consiguió triunfos históricos en la elección intermedia de 2018. Veamos si esa misma pluralidad puede lograr su reelección, así como vencer el discurso del odio y del conflicto que estará en la boleta presidencial dos años más adelante.

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