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“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, frase que difícilmente se cumplirá...

Bernardo Flores Alcaraz. Felipe Arnulfo Rosa. Benjamín Ascencio Bautista. Israel Caballero Sánchez. José Ángel Navarrete González. Marcial Pablo Baranda. Jorge Antonio Tizapa Lecideño. Miguel Ángel Mendoza Zacarías. Abel García Hernández. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz. Dorian González Parral. Jorge Luis González Parral. Alexander Mora Venancio. Saúl Bruno García. Luis Ángel Abarca Carrillo. Jorge Álvarez Nava. Magdaleno Rubén Lauro Villegas. José Luis Luna Torres. Jesús Jovani Rodríguez Tlatempa. Mauricio Ortega Valerio. José Ángel Campos Cantor. Jorge Aníbal Cruz Mendoza. Giovanni Galindez Guerrero. Jhosvani Guerrero de la Cruz. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz. Israel Jacinto Lugardo. Adán Abraján de la Cruz. Abelardo Vázquez Penten. Christian Alfonso Rodríguez. Martín Getsemany Sánchez García. Cutberto Ortiz Ramos. Everardo Rodríguez Bello. Marco Antonio Gómez Molina. César Manuel González Hernández. Christian Tomás Colón Garnica. Luis Ángel Francisco Arzola. Leonel Castro Abarca. Miguel Ángel Hernández Martínez. Jonás Trujillo González. José Eduardo Bartolo Tlatempa. Julio César López Patolzin. Carlos Iván Ramírez Villarreal. Antonio Santana Maestro.

Los 43 normalistas de Ayotzinapa.

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Las presiones interna y externa crecen.

“Es un crimen preocupante que demanda una investigación completa y transparente…”, aprieta desde Washington la portavoz del Departamento de Estado de EU, Jen Psaki.

“Debe darse una búsqueda efectiva de los normalistas”, exige la oficina local de la ONU en México.

“Estoy consternado por este crimen que enluta no sólo a los mexicanos, sino a todos los países de América”, aseguró el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.

El mundo voltea los ojos hacia México… y no precisamente con admiración. Lo ve con terror. Y preocupación.

Decenas de miles de mexicanos protestan enardecidos porque, dos semanas después, sólo se tiene certeza de una cosa: a los estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos, en Ayotzinapa, Guerrero, los masacraron policías y sicarios del narcotráfico.

Y hasta donde sabe esta columna, los estudiantes —como dolosa e interesadamente algunas plumas oficialistas quieren hacer creer en un acto de criminal irresponsabilidad informativa— ni estaban ligados con ningún grupo criminal ni fueron a atacar al hoy prófugo alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y a su esposa, Ángeles Pineda, quienes se encontraban en un acto proselitista para enfilar a la mujer como futura presidenta municipal de la localidad.

Primero: los normalistas ni siquiera sabían que Ángeles estaba realizando un evento político en Iguala. Secuestraron camiones con un objetivo: trasladarse al DF para participar, días después, en la marcha del 2 de octubre, y no para reventar el evento proselitista de la pareja municipal: Abarca-Pineda. “Dales un escarmiento. Y es que pensó que los estudiantes querían arruinarle su noche”, le dijo Ángeles a su esposo. (Alejandro Salazar. La Silla Rota. 8/X/2014).

Segundo: quienes propalan la versión de que los normalistas fueron “confundidos” con sicarios al servicio del grupo rival a los Guerreros Unidos —apoyados por Abarca-Pineda—, resbalan y yerran: los estudiantes respondieron el ataque con piedras, mientras los policías municipales igualtecas les disparaban con rifles semiautomáticos. ¿Qué gatilleros del crimen organizado atacan con piedras? Absurdo siquiera suponerlo.

Las marchas y protestas por los estudiantes masacrados en Iguala ocupan ya la atención mundial, y su efecto está siendo demoledor para el gobierno federal: si se avanzó poco o mucho en 22 meses de administración, tanto el fusilamiento de civiles por parte de soldados en Tlatlaya, Estado de México, como la muerte de normalistas en Iguala, Guerrero, pulverizan la imagen del país, las expectativas de inversión y borra, sin duda, el tan cacareado Mexican Moment.

¿Por qué?

Por una máxima de mercado: el dinero de los inversionistas no llega a países con altos grados de inseguridad.

Las manifestaciones en México y en el mundo se están dando bajo un signo: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Frase simbólica, pero que difícilmente se cumplirá porque la mayor parte de los normalistas de Ayotzinapa ya están muertos. Fueron ejecutados, desollados, quemados y enterrados en fosas comunes.

“No me voy”, dice el gobernador Ángel Aguirre, pensando más en el futuro de su hijo, que quiere ser alcalde de Acapulco, que en los normalistas y sus familias. Vaya cinismo.

Cuauhtémoc Cárdenas acorralado por manifestantes. Cierto: no es por ahí, pero lo del ingeniero quedará en anécdota, mientras el luto será de por vida para los padres de los normalistas.

¿Y el gran perdedor? El PRD.

Pero de eso hablaremos en otra entrega.

                Twitter: @_martinmoreno

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