Rebote no es desarrollo
Hay zonas del país que realizan esfuerzos loables por mantener el ritmo económico con beneficio social, principalmente alentando la obra pública y con la finalidad de generar mayores empleos y dinamismo social en estos tiempos de crisis.
En estas últimas semanas los análisis económicos y financieros sobre el desempeño de México en los primeros tres meses del año coinciden en que comienza ya a verse un panorama de reactivación. A la par, se habla de un ligerísimo repunte del cuatro por ciento en los contagios por covid-19 en por lo menos diez entidades federativas, entre las que se encuentran el Estado de México y la capital del país, que juntas aportan la cuarta parte del PIB nacional.
Dicen los analistas que nuestro país ha entrado en la fase final de la primera etapa de una recesión que comenzó en el segundo semestre del 2018 debido al debilitamiento del sector industrial y que se complicó con la aparición de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus que, en los últimos meses, ha sufrido una veintena de mutaciones relevantes.
Resaltan los estudios más recientes que para el primer trimestre de este año la tasa de crecimiento económico será negativa, cercana a -3.2 por ciento, resultados que son atribuibles a la precarización del mercado laboral y del sistema productivo.
Las tendencias de la economía son claras: la reactivación avanza, pero aún falta para recuperar lo perdido en 2020. En el caso del sector industrial, también se debe contabilizar, para efectos comparativos, la caída observada desde el segundo semestre de 2018.
Los expertos advierten que “ya tocamos fondo” y que por ello se espera un “efecto rebote”, que no necesariamente significa recuperación si tomamos en cuenta que no existen cambios profundos en la estructura de nuestra economía, sino que estamos “siendo jalados” por Estados Unidos, en donde sí han existido apoyos de fondo a los ciudadanos para que se recuperen tras los efectos de la emergencia sanitaria. En México, ya veníamos cayendo económicamente incluso antes de la pandemia.
A partir de abril comienzan a registrarse tasas de crecimiento en México que podrían superar el 10 por ciento en el segundo trimestre del año y de 5 por ciento en el tercero (julio, agosto y septiembre). Sin embargo, se sigue estando lejos de una verdadera recuperación y de retomar la senda del desarrollo que tanto requiere nuestro país.
Ante la ausencia de un programa de verdadera reactivación económica, la inercia del crecimiento se podrá mantener —si bien nos va— hasta marzo del año próximo. Se necesitará un incremento de la inversión productiva para evitar que México vuelva a presentar tasas del Producto Interno Bruto inferiores al 2 por ciento o, incluso, negativas.
Ello es fundamental para mitigar los esfuerzos negativos de la ya próxima segunda etapa de la recesión y que son atribuibles a los aspectos estructurales que se deriven del cierre de empresas, la precarización de los empleos y de una mayor competencia que ya se observa por parte de los productos procedentes del este de Asia.
Es evidente que, a nivel regional, hay zonas del país que realizan esfuerzos loables por mantener el ritmo económico con beneficio social, principalmente alentando la obra pública y con la finalidad de generar mayores empleos y dinamismo social en estos tiempos de crisis.
Hace unos días, el gobierno de Yucatán, que encabeza el panista Mauricio Vila, anunció que está en estudio un proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto internacional en la ciudad de Mérida, la capital, el cual no será aprobado hasta conocer a fondo la viabilidad del plan, la factibilidad de los permisos y saber qué pasará con los terrenos en donde se encuentra la actual terminal aérea. El gobierno estatal, como facilitador de inversiones y regulador de la actividad económica, ha sostenido numerosas reuniones encabezadas por Vila Dosal y funcionarios de la Secretaría de Fomento Económico y Trabajo estatal, tanto con funcionarios del gobierno federal (SCT y Fonatur) como con empresarios interesados en la inversión, para buscar que este proyecto se concrete.
Bien hace el gobierno de aquella entidad en realizar las gestiones pertinentes para que dicho proyecto pueda avanzar y se convierta en una realidad, siempre y cuando —como lo ha garantizado Vila— esté bien definido y presentado de manera adecuada. La finalidad es detonar al sureste del país como un gran generador de recursos que beneficien a la comunidad, al país y a quienes confían en el turismo y desarrollo en esa región.
