Joe Biden en México

El vicepresidente de EU declaró que la UNAM y el Tecnológico de Monterrey son tan buenas universidades como Harvard.

Entre vendavales, chubascos, inundaciones y tragedia, particularmente en Guerrero y en el entrañable Acapulco, llegó a México y se fue en unas horas el vicepresidente Joe Biden. El vicepresidente Biden anda por el mundo en misión de buena voluntad. Llegó a México después de cancelar la escala en Panamá, en un viaje por Latinoamérica. La crisis en Siria lo obligó a cancelar la etapa de Panamá pero no la de México, lo que según Estados Unidos es una distinción. Anda casi siempre de gira.

El vicepresidente en Estados Unidos no tiene funciones propias. Su papel es suplir al Presidente en caso de ausencia. Históricamente esto ha sucedido en un porcentaje de 16. Mientras llega el improbable supuesto se les encargan tareas fuera de las estructuras. A Johnson, que se aburría como vicepresidente, el presidente Kennedy le encargó el programa espacial; Bush a Cheney, el de seguridad, y Clinton a Gore, los temas de política del medio ambiente. Biden no tiene propiamente agenda y se mete en lo que puede.

Lo más relevante es que por primera vez, en los últimos decenios de la relación entre los dos países, no se habló —que se supiera— de armas, drogas y seguridad. Los temas fueron los de educación superior, el diálogo económico de alto nivel y el intento de que los dos gobiernos tengan temas comunes en sus agendas. Es loable este intento por pensar en los dos países como una región, incluyendo a Canadá, región norteamericana que tiene el peso para convertirse en el bloque más importante del mundo y al que México puede hacer una gran contribución.

Lo más notable fue un foro universitario en el que Biden declaró que la UNAM y el Tecnológico de Monterrey (como si fueran comparables) son tan buenas universidades como Harvard, la Universidad de Pensilvana o Yale. Se explica su exageración en tanto que el vicepresidente de Estados Unidos es una especie de embajador at large que anda sonriendo por el mundo, haciendo las visitas diplomáticas que el Presidente declina.

Se agradece su declaración, que halagaría a los ingenuos, pero resulta totalmente desproporcionada y poco creíble. Para empezar, es imposible comparar a la UNAM con el Tecnológico de Monterrey, pues su origen, dimensiones, historia, proyecto, papel, compromiso social y características son tan diferentes que ni siquiera sería como comparar peras con manzanas. La UNAM es la Universidad Nacional, creada por ley del Congreso, financiada con gasto público, mientras el Tec es proyecto privado cuyo origen fue preparar los cuadros necesarios para las empresas de un grupo.  

Más descabellado todavía resultó comparar a las universidades de Harvard, Pensilvania y Yale con las dos instituciones mexicanas. Si de graduados que han obtenido premios Nobel se tratara, Harvard tiene 87; Yale, 19, y Pensilvania, siete. La UNAM, tres: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina. Ninguno de los tres egresados estuvo mayormente ligado a la UNAM. El Tecnológico no tiene ni tendrá premios Nobel, pues su vocación es crematística; no investigan, casi no publican, no hacen propiamente difusión de la cultura y su ámbito es local y restringido. Son estrictos, es cierto, y cobran caro, también cierto.

Biden anunció que Estados Unidos desea duplicar el número de estudiantes mexicanos que van a estudiar a ese país para 2020. Eso será, de darse, cuando Obama y Biden tengan años en la banca y Peña Nieto haya concluido su gestión. Se anunció que el plan es que 100 mil estudiantes mexicanos vayan a estudiar a Estados Unidos, mientras 50 mil estudiantes estadunidenses vengan a México. Plan ambicioso pero difícil de lograr.  Significaría que el Tecnológico tendría que quedar vacío al mandar casi siete veces su matrícula de alrededor de 15 mil estudiantes, o la UNAM, una tercera parte de sus estudiantes para cubrir esta cuota.

No sé hasta dónde el Departamento de Estado, que emite alertas frecuentes para alertar y evitar que los estadunidenses visiten regiones de nuestro país, cambie de criterio, y ahora, en lugar de advertencias, emita invitaciones para que estudiantes de EU visiten México. Si no les permiten a lo jóvenes siquiera venir en sus vacaciones de primavera (spring break) a visitar nuestras playas, no los imagino en Metrobús rumbo a Ciudad Universitaria.

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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