Patria querida

El futbol se ha convertido en un factor de unidad nacional, encabezado por el mismo presidente Peña Nieto...

Las fiestas patrias llegaron en el peor momento. Los maestros en el Zócalo y derrotas en el futbol y en el box lastimaron los sentimientos patrios y nacionalistas, tan exaltados por los mexicanos desde que México nació a la vida independiente.

El futbol se ha convertido en un factor de unidad nacional, encabezado por el mismo presidente Peña Nieto, que llegó a vaticinar triunfos que no llegaron. Las derrotas son ingratas, pero frente a Estados Unidos duelen nacionalmente.

La fascinación por el juego más popular del mundo tiene que ver con la consigna de las masas en la Roma imperial: panem et circenses (pan y circo). La perspectiva de una eliminación en el Campeonato Mundial de Futbol significaría, además de un fracaso millonario, la amargura de vernos desplazados por los equipos de la región considerados como menores futbolísticamente. Honduras estaría ocupando el lugar del Tricolor.

Hace 192 años México se liberó de España. El país se agrupó alrededor de ideales, anhelos y sueños compartidos. Se encontraron también los símbolos patrios que encarnan a México: el himno, la bandera, el escudo nacional. Existen también otros símbolos de la nacionalidad, como las expresiones culturales: la amplísima gastronomía, la música vernácula, la literatura, las artes populares, la personalidad de un país con un lugar en el mundo.

Los mexicanos han soñado que en esos signos estuviera incluido el futbol. Bandera, himno y selección de futbol como el trinomio de la nacionalidad. Si la selección falla, algo anda mal en México. La diferencia está en que nadie daría la espalda a los símbolos patrios, pero es altamente probable que de confirmarse el rotundo fracaso de no ir al Mundial, se hará leña del árbol caído, representado por una instancia burocrática que pagaría los platos rotos: La Federación Mexicana de Futbol.

En España, a pesar de los notables éxitos deportivos globales, su nacionalidad se tambalea. En reciente reunión de análisis sobre el pensamiento de Morelos, bajo una lluvia torrencial en el Fuerte de San Diego en Acapulco, preludio de las inundaciones catastróficas que vendrían horas después, el profesor español José Antonio Escudero López, académico de número de la Real Academia de Historia y vicepresidente de la de Jurisprudencia, me dijo que en el mundo se piensa que el verdadero problema español es el económico. Sin embargo lo que realmente preocupa es la perspectiva de un resquebrajamiento de la nacionalidad española, de darse los intentos separatistas de Cataluña y el País Vasco.

Si algo distingue ahora a España en el mundo son sus éxitos deportivos. Campeones mundiales de futbol, excelentes basquetbolistas, los mejores pilotos de Fórmula 1, como Fernando Alonso, o en motociclismo GP: Jorge Lorenzo, Marc Márquez o Deni Pedroza; ciclistas como Miguel Indurain, cinco veces campeón del Tour de Francia; Rafael Nadal como el mejor tenista del momento.

No obstante, España no tiene una fiesta nacional que haya durado, como la nuestra, más de 200 años. Celebran su democracia el 6 de diciembre, pero antes conmemoraban la del 18 de julio, que fue el golpe de Estado franquista que rompió al país al iniciar una guerra de exterminio. No tienen himno nacional ni lo cantan, pues les recuerda la época negra de Franco. Lo que más los identifica es la lengua, sólo que en México hay más personas que hablen español que en la misma España. Tampoco tienen una bandera asumida por todos, por la explotación que de ella hicieron los militares.

Virginia Prim (Bibi), madrileña, española por los cuatro costados, esposa de mi amigo Leoncio Fernández, relata en las redes sociales una historia de cómo celebra su hija mexicana, la pequeña Lola, las fiestas mexicanas de septiembre. En un video casero se le ve recitar a nuestra bandera con el cariño y amor de todos los mexicanos por el lábaro patrio. (Bandera de tres colores, yo te doy mi corazón). Bibi se pregunta con viva nostalgia por qué en España no pueden inculcar a los pequeños, como en México, el amor por los símbolos patrios.

Ya podrán los ratoncitos verdes no meter goles y consecuentemente no ir a Brasil, ni el Checo Pérez ganar carreras ni el Canelo mostrar que está hecho más de spots publicitarios que de rapidez, punch y astucia en el ring, que los mexicanos dejar de venerar su bandera y sentir emoción al escuchar y cantar las, por cierto curiosas y ahistóricas, estrofas del himno nacional. Algunas incomprensibles, pero encarnación de la patria querida.

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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