Rarámuri, ¿marca registrada?

Nike inventó recientemente un zapato inspirado en la manera en que corren los tarahumaras.

En los 70 se puso de moda correr y correr. Lo que parecía algo pasajero, como el cha-cha-cha, se convirtió en afición global.  Desde entonces corre el pobre y corre el rico.  El causante es un médico estadunidense, el Dr. Kenneth Cooper, que inventó una tabla con puntos para medir el estado de salud cardiovascular. Una de sus recetas era caminar diez mil pasos al día. Mientras más rápido mejor, mientras más pasos, todavía mejor. Más difícil que dar diez mil pasos era contarlos. De sus investigaciones iniciales siguió una avalancha de negocios alrededor de la salud cardiovascular. La era de Acuario dio paso a la del Aerobics.

El tema prendió por varias razones. La facilidad para practicarlo: un par de zapatos y listo, a correr. También la tradición de fortaleza de la que daban cuenta los tamemes que traían a Moctezuma huachinango fresco del día desde las playas.

En México los corredores más notables son los indígenas rarámuris que desde su aparición en los Juegos Olímpicos de 1928 se les ha llevado a competir sin entender que para ellos correr es una manera de sobrevivir. En aquella ocasión, en Ámsterdam, al llegar a la meta después de trotar 42 kilómetros, el problema fue explicarles que deberían detenerse. Los tarahumaras no entendían, querían seguir corriendo.  Pueden correr más de cien kilómetros y lo hacen descalzos. El tiempo no importa y las distancias menos. En 1968 los llevaron nuevamente a las Olimpiadas  y el proyecto fracasó. No les interesa correr rápido, sólo correr. 

Me cuentan que en San Andrés del Nayar, municipio Cora, el más pobre de México, al que ni siquiera Metlatónoc le disputa el oprobio, el gobierno da una ayuda de transporte a sus habitantes, para que los niños acudan a la escuela. En lugar de aprovechar el subsidio, los niños prefieren correr kilómetros a sus clases. Claro, si sus maestros no están en paro.

Las carreras de larga distancia se acomodaron bien a otros corredores no tarahumaras que lograron éxitos notables. Particularmente en el maratón de Nueva York, que tiene en su cuadro de honor a varios mexicanos.

Correr ha tenido efectos secundarios y daños colaterales. Se dice que un maratón es el antídoto del infarto durante diez años, lo que no resulta tan exacto pues hay corredores, como lamentablemente ocurrió el domingo en el Maratón de la Ciudad de México, en que alguien muere. Las lesiones han aumentado notablemente y por ello la fabricación de zapatos de correr entró al mundo de la investigación. Lo último en tecnología podiatra es que en lugar de zapatos acolchonados con aire, agua, chicle o gelatina y basados en sofisticadas estructuras para evitar el golpeteo del pavimento, se debe correr de manera natural. Lo ideal sería sin zapatos, pero como eso no es negocio y además hay piedras, clavos y tachuelas en los recorridos, Nike inventó recientemente un zapato inspirado en la manera en que corren los tarahumaras.

Las carreras de 42 kilómetros se han vuelto algo cotidiano en el mundo. Surgió ahora el ultramaratón (100 o más kilómetros) en que los rarámuris dominan. Su fama ha llegado tan lejos que Nike anunció una nueva línea de zapatos y ropa inspirada en esta etnia.

La reacción de las redes sociales ha condenado esta estrategia de mercadotecnia al aprovecharse de la miseria tarahumara. Valdría la pena explicarle a los rarámuris que su imagen tiene un valor en el mundo de los negocios. La explotación de sus características extraordinarias (correr 30 horas sin parar, generalmente sin zapatos Nike ni de otra marca) tiene un valor comercial que sería útil para aliviar las condiciones tan difíciles que enfrentan. 

Hace un año recibimos la noticia de que algunos tarahumaras anunciaron suicidios colectivos por falta de alimento. Lo más atrasado de nuestro México ingresa al mundo global calzando Nike.  Alguien debería asesorarlos para defender sus derechos y propiedades, para registrar la Marca Rarámuri (¿Sedesol, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Gobierno de Chihuahua?).

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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