El beisbol y la justicia
Revisar las decisiones de los árbitros cambiará un juego que ha mantenido su estructura desde hace más de cien años.
He creído y alguna vez escrito que el beisbol tiene conexión con la justicia y que la tarea de los árbitros es correlativa a la función judicial. Uno de los filósofos del derecho más renombrados, John Rawls, autor de Una teoría de la justicia, además de haber entrado en aguas jurídicas tan profundas, fue un aceptable jugador de beisbol. Cuentan que era frecuente verlo en Harvard vestido de pelotero. Tal vez por eso escribió un ensayo sobre las razones que hacen del beisbol el mejor juego del mundo.
No se trata de entrar ahora en debate con los futbolistas, no conozco ningún filósofo del derecho que se haya referido a la regla del off side, sino referir algunos cambios beisboleros que podrían modificar para siempre el pasatiempo nacional de Estados Unidos. El beisbol se había negado sistemáticamente a utilizar las innovaciones tecnológicas para decidir las controversias y precisar quién tiene la razón. En el mundo jurídico existen las apelaciones. Un juez de alzada (así se les dice coloquialmente, pero su nombre técnico es Juez ad Quem) se ocupa de revisar para confirmar o modificar la determinación de un juez de inferior jerarquía (Juez a Quo).
En el beisbol profesional los árbitros tienen todavía la última palabra y sólo se puede revisar mediante video las dudas sobre un jonrón. Se trata de una decisión final que no admite apelación.
Para defender la autoridad última y soberana de los árbitros en los estadios del beisbol profesional en Estados Unidos se bloquean las pantallas de televisión que repiten las jugadas. Ello para preservar el principio de autoridad y evitar las críticas a los hombres vestidos de azul oscuro. La misma vestimenta emula las togas negras de los funcionarios judiciales. Se trataba de respaldar a la ley por encima de la justicia, si fuera necesario. Todo esto está por cambiar.
Se prevé que para la temporada de 2014, si la Asociación de Árbitros lo aprueba, se podrán revisar las decisiones de los árbitros a solicitud de los mánagers de los equipos. Se trata de un sistema complicado. Un mánager podrá apelar una decisión en las primeras seis entradas y dos adicionales a partir de la séptima entrada (el fatídico séptimo episodio que bautizó el Mago Septién). Cuando esto ocurra, los árbitros tendrán que hacer una llamada en una línea segura, como el teléfono rojo de los funcionarios federales (la red), a un tribunal de apelación que estará en Nueva York revisando los videos para tomar una decisión que será inapelable.
Los árbitros perderán la independencia judicial. Se les degradará al permitir que sus decisiones queden sujetas a revisión por una instancia superior. Los juegos se harán más lentos, lo que va en contra de un espectáculo que no es lo más vertiginoso que digamos.
The Washington Post estima que la duración de los partidos profesionales ha ido aumentando al tiempo que la atención de los estadunidenses sobre cualquier cosa disminuye. El promedio de duración de un juego hace 40 años era de dos horas y 30 minutos. Actualmente el promedio de duración es de 2 horas 57 minutos. Si a eso agregamos el tiempo para llegar al estadio, estacionarse si se va en coche o esperar el vagón del tren si se utiliza el Metro (Subway), el llamado pasatiempo nacional se verá en problemas cuando tenga que esperarse una decisión que detiene el juego hasta en tanto no sea tomado por la instancia superior. Tampoco olvidar que el beisbol es un juego que no tiene límite de tiempo. Como decía Yogi Berra, el famoso receptor de los Yanquis, este juego no se acaba hasta que se acaba.
El beisbol tiene su encanto, que no es precisamente la acción. Se estima que un juego de tres horas (el promedio) tiene sólo 18 minutos de faena. Por eso es que los estadios son una especie de comederos y bebederos donde se mueven millones de dólares en comida chatarra y cervezas/refrescos. No en balde cuando había beis de calidad en la Ciudad de México el Parque del Seguro era el mejor lugar para comer tacos de cochinita pibil.
El plan de revisar las decisiones de los árbitros cambiará un juego que ha mantenido su estructura, hasta la vestimenta, desde su creación original hace más de 100 años. No sé hasta dónde el afán de evitar los errores de los árbitros convierta al beis en un juego de Nintendo. Me imagino que Rawls seguirá pensando si lo que necesitamos es la aplicación de la ley o la búsqueda de la casi siempre inalcanzable justicia.
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
