De esposas y amantes
Francia es una buena jugada mexicana para mostrarle a la esposa (EU) que se puede tener uno que otro affaire.
Mi profesor Sidney Weintraub escribió un libro sobre la relación México-Estados Unidos que intituló Marriage of Convenience. De haber escrito otro sobre las relaciones entre México y Francia lo hubiera podido llamar Amasiato por conveniencia. Francia como una amante complaciente que tolera el indisoluble matrimonio.
Si fuera por México, Francia debería ocupar el lugar de la esposa, solamente que las amantes son más bonitas, más cariñosas, en este supuesto, no necesariamente más jóvenes, pero con más gracia y joie de vivre. Las esposas, por su parte, son más necesarias para la estabilidad emocional. Una amante como Francia no representaría supuestamente problemas conyugales. Los lazos del matrimonio entre México y Estados Unidos son tan estrechos que ningún affaire podría disolverlos.
Francia ha sido para México fuente de inspiración. Nuestros escritores mayores (Altamirano, Paz y Fuentes) tuvieron a Francia de modelo. Los pintores de mayor renombre (Rivera, Orozco y Siqueiros) viajaron a París para estudiar y después dejar huella universal. Los buenos políticos, académicos y diplomáticos encontraron en Francia ideas que germinarían en suelo mexicano.
El gobierno de Peña Nieto retomó el tema francés con interés. Designó a Jorge Castañeda, quien se autodesigna como “el último francófilo de verdad”, como presidente del Consejo Estratégico Franco-Mexicano en el Capítulo México. El Consejo pretende llevar las relaciones más allá del desencuentro propiciado por el lamentable affaire Cassez.
De no haber actuado con cautela diplomática Patricia Espinosa, la secretaria de Relaciones Exteriores, y de no haber tenido en París a Carlos de Icaza como embajador, el escenario actual sería la reanudación de relaciones rotas.
Uno de los últimos capítulos de gloria de la relación entre los dos países sucedió hace 50 años, cuando el general Charles de Gaulle visitó México en 1964. 300 mil personas se congregaron en el Zócalo para escuchar al héroe de la II Guerra proponer, en español, la necesidad de que las políticas de las dos naciones deberían ponerse en la misma frecuencia. López Mateos sonreía y asentía con la cabeza. Entonces, como ahora, se formó una comisión binacional para expandir el comercio. No pasó nada relevante: el comercio de México con Francia representaba apenas 3.5%, mientras que el comercio con Estados Unidos era de entre 60% y 70 por ciento. La esposa (Estados Unidos) tenía, como ahora, el control casi total de la casa. La amante (Francia) sólo proporcionaba las caricias y algunos regalitos.
De Gaulle tomó un avión al finalizar su visita de Estado. Se trataba de un Caravelle, el avión de factura francesa. Después se descubrió que era una mera fachada. Antes de dejar el territorio mexicano, De Gaulle cambió de nave para subirse (seguramente muy a su pesar) a una más confiable: el Boeing de factura estadunidense que lo llevó de Mérida a las colonias francesas que todavía tenía Francia en el Caribe. El cambio de avión no fue el único secreto del viaje: el general había viajado con un catéter insertado en su cuerpo, para evitar la incomodidad de las frecuentes visitas a la aux toilette.
Francia es una buena jugada mexicana para mostrarle a la esposa que además de tener un matrimonio sólido y estable se puede uno que otro affaire con Francia. Jorge Castañeda fue una buena decisión. Tiene el carácter y la convocatoria necesarios para relanzar la relación con Francia, tan importante para México y tan necesaria para darle aire al sistema mexicano, tan abrumado con la pesada relación bilateral con Estados Unidos.
Como le dijo alguna vez un diplomático francés a uno mexicano, envidiando la cercanía mexicana con su vecino: “qué diéramos los franceses por tener sólo tres kilómetros de frontera con Estados Unidos”. A lo que el mexicano respondió que todavía más darían los mexicanos por tener solamente esos tres kilómetros.
*Miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
