¿Tijuana Olímpica?
Si México y Estados Unidos aspiran a formar una zona verdaderamente integrada, esa ciudad es un punto inicial.
Las Olimpiadas son juegos que evocan más bien sospechosos negocios y escenarios de intrigas de la política internacional, que contenidos deportivos. A mí me parecen mejores la Copa Jules Rimet o el Clásico de Beisbol que la mayoría de las disciplinas olímpicas, algunas sumamente aburridas e incomprensibles.
Hay cosas inexplicables de los criterios olímpicos: existen pruebas rarísimas como hockey sobre pasto, que solamente unos cuantos países practican. Si se trataba de quedar bien con India y Pakistán, por ser tan populosos, hubieran pensado en algo como el cricket, si bien de factura inglesa, pero popular entre los indios (de la India, no de la Mixteca). Nunca entendí por qué suprimieron al rey, el beisbol y a su hermano menor, el softbol, deportes masivos que se juegan en todo el mundo. En Estados Unidos, el país más deportista, congregan a la mayoría de los deportistas. En su lugar se compite en piragüismo (canotaje), que en México es propio de los descendientes de alemanes y de españoles, que ambos practican en Xochimilco. En las olimpiadas de China apareció el sanshou, arte marcial que consiste en pegarle al contrincante con las partes duras que se tengan en el cuerpo. Ya lo practicaba Kung Fu. El bádminton, con todo y el gallito (nunca he sabido por qué le dicen gallito) era una diversión de los días de campo en La Marquesa. Resulta que ya debutó como deporte olímpico.
La prueba de velas es solamente para quienes tienen veleros, o la equitación, para quienes tienen caballos de salto. Otras pruebas, como el pentatlón moderno, son para militares.
Ningún mortal común encontraría las condiciones para entrenar en estas pruebas: salto a caballo, esgrima, natación, tiro y carrera de campo traviesa. Se trata de una prueba
para la milicia y consecuentemente casi todos los participantes son militares profesionales. Se cree que un buen soldado debe saber montar a caballo, defenderse con la espada, escapar del enemigo cruzando un lago a nado (200 metros), disparar certeramente y correr como gamo entre matorrales y veredas (tres kilómetros).
Recientemente las ciudades de San Diego y Tijuana decidieron preparar la candidatura común para competir en un solo boleto, por la sede olímpica de 2024. Se trata de dos ciudades hermanas, sólo que con padres y madres diferentes. Si México y Estados Unidos aspiran a formar una zona verdaderamente integrada en lo económico, cultural y social, abarcando el deporte, la señal que han dado Tijuana y San Diego es un punto inicial de partida, así como en los años 50 lo hizo la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, consecuencia nada menos que de la Unión Europea.
Tijuana es una de las ciudades más mexicanas. No se requieren callejones como Guanajuato, el Hospicio Cabañas como Guadalajara, la Iglesia de Santo Domingo de Oaxaca o la Virgen del Rosario en Puebla, para sentir orgullo del pueblo. En Tijuana lo mexicano está en la actitud, en la defensa de lo nuestro ante el embate cultural y económico de Estados Unidos. Tijuana es el punto geográfico más alto respecto a EU. El punto más alto de Latinoamérica.
La lista de aportaciones de esta polifacética ciudad a la mexicanidad es amplia. Resalta el gran movimiento musical que lleva adelante la comunidad tijuanense con el Centro de Artes Musicales. Presidido por Alfredo Álvarez Cárdenas, el Centro ha impulsado la exitosa orquesta sinfónica de Baja California (https://obc.org.mx/semblanza/), una escuela de música y programas de educación comunitaria en contextos marginados con lo que la dulzura musical recobra los espacios deprimidos y violentos. En breve lanzarán una escuela de rock. No olvidar que el rock llegó a México en los 70 precisamente por Tijuana. En su primer acto cultural, Peña Nieto se comprometió a replicar el modelo del Centro de Artes Musicales en la República. México espera que así suceda.
Los habitantes de las fronteras son la primera, la inmediata conexión con México de quienes desde el otro lado la cruzan. Uno de los mejores ejemplos es Adrián González, primera base de los Dodgers de Los Ángeles, el mejor beisbolista del momento, que nacido en San Diego, decidió mantenerse tijuanense y representar a México, además, como capitán del equipo en el Clásico de Beisbol.
Las reglas del Comité Olímpico Internacional, el verdadero Olimpo deportivo de los de pantalones largos, prohíben candidaturas binacionales. Estas reglas hacen inviable jurídicamente la aspiración de Tijuana y San Diego. Reglas escritas hace lustros, antes de la llegada del mundo global, impedirán que las dos ciudades que hacen la frontera más activa de todo el mundo, por el número de cruces, preparen un magno programa global. Al menos dejarán un ejemplo de que se puede trabajar y soñar juntos, a pesar de lo deleznable, obsoleto y absurdo de la reglamentación olímpica.
*Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México
