¿Abortar o no abortar?
Si algo divide las opiniones es si las mujeres tienen o no la libertad para decidir si pueden interrumpir un embarazo no deseado.
Hay ciertas reglas de la diplomacia que se han vuelto proverbiales. Una de ellas por trillada es lugar común: si se quiere mantener una relación tersa con desconocidos nunca hay que hablar de religión o de política. Más complicado todavía es hablar del aborto, precisamente porque su contenido es político y religioso. Si algo divide las opiniones es si las mujeres tienen o no la libertad para decidir si pueden interrumpir un embarazo no deseado, aunque también puede darse el caso de querer interrumpir un embarazo alguna vez deseado. El tema no es resorte de la diplomacia sino del derecho y la justicia.
En Estados Unidos, si algo fracciona a la sociedad es el tema del aborto. Hay algunos episodios de confrontación que muestran, en las posiciones extremas, a quienes enarbolan la bandera de la libertad absoluta para decidir qué hacer con lo que los abogados conocen como “el producto de la concepción” y por el otro, a quienes darían su vida por impedir la interrupción de un embarazo, incluso al famoso día siguiente.
La historia del aborto legal en Estados Unidos data desde hace más de cuarenta años (1973), cuando la Suprema Corte resolvió el caso Roe vs. Wade. En este asunto se trataba de anular una ley del estado de Texas que restringía con total severidad la práctica de un aborto. Había tal prejuicio en el tema que se escogió el nombre de Jane Roe de manera ficticia para no revelar el nombre real de Norma McCorvey, la persona real que exigía su derecho a abortar. Se cambió el nombre para evitar dar a conocer los pormenores de su embarazo. Ella dijo primero que pretendía abortar por derivar el embarazo de una violación, pero luego resultó que se trataba simplemente de una mala relación. La Corte resolvió de manera práctica y política, pues la presión de las feministas a favor de Roe (McCorvey) era abrumadora: durante el primer trimestre del embarazo la decisión del aborto debe corresponder a la mujer conjuntamente con su médico, sin mayor interferencia del Estado; durante el segundo trimestre, el Estado tiene facultades para intervenir y regular por razones de salud de la madre y no es sino hasta el tercer trimestre que el Estado podía prohibir el aborto, el promover su interés en la potencialidad de la vida humana.
Lo importante de la decisión judicial en Roe es que la práctica de un aborto en los tres primeros meses del embarazo constituye una garantía constitucional. Las implicaciones directas es que todas las leyes estatales que prohibían los abortos resultaron inconstitucionales y, por tanto, nulas. Desde entonces todos los grupos conservadores y particularmente el Partido Republicano han tratado de anular esta decisión, sin éxito, a pesar de haber intentado hasta nombrar jueces de la Suprema Corte que supuestamente podrían favorecer el criterio provida.
No obstante los presidentes habían sido cautelosos en no inmiscuirse directamente en el debate por razones de corrección política. Hasta hace unas horas en que el presidente Obama, ante el embate de varias entidades (North Dakota, Arkansas, Misisipi y Washington DC) que promueven leyes antiaborto, declaró ante activistas del influyente grupo pro choice, Planned Parenthood (Paternidad Planificada) que estará con ellas, peleando cada paso del camino para garantizar la vigencia de los derechos al aborto contenidos en la decisión de Roe vs. Wade. El asunto no es solamente estatal sino que en el Congreso los republicanos quieren echar abajo las leyes y reglamentos federales que autorizan a las compañías de seguros cubrir gastos médicos ocurrido en la práctica de los abortos.
No solamente en Estados Unidos se da el debate. En España, el gobierno derechista de Rajoy impulsa reformas a la ley del aborto que había impulsado la izquierda. El PSOE, sin mayoría en el Congreso tratará, según ha declarado su secretario general Pérez Rubalcaba, de hacer una movilización social para evitar las reformas que, estima, son un retroceso para las mujeres “que no lo merecen”. De manera que en España también seguirá una confrontación sobre un tema en el que por su naturaleza nunca se pondrán de acuerdo.
En México, se siguen las reglas de la diplomacia, no hay que hablar de política ni de religión y consecuentemente el aborto no es tema favorito. Sin embargo, la Ciudad de México es la avanzada de lo que las mujeres mexicanas merecen y es su derecho, como decidir qué hacer con su vida y su cuerpo, mientras otros estados, particularmente, los panistas, mantienen todavía criterios conservadores como los partidos Republicano de Estados Unidos o el Partido Popular español. No obstante, en el terreno federal, el Sistema Nacional de Salud tendrá que incursionar por las vías que con éxito recorre la Secretaría de Salud del Distrito Federal, a través de su programa ILE (Interrupción Legal del Embarazo) para avanzar en algo que, aunque no sea muy correcto políticamente, se trata de un derecho personal, íntimo e inalienable. ¿Abortar o no abortar? Mejor ni preguntar.
