La Medalla Neri a Zabludovski

Algunos premios tienen fama mundial y para algunos puede significar la culminación de una gran obra.

Hace unos días he visto cómo a un gato callejero que visita con regularidad mi morada le ha dado por llevar pajaritos y ratones a la puerta de la casa. Por recomendación de un experto en pequeñas especies, como les dice mi amigo, el mejor médico de pequeñas especies que hay en México, Leonel Pérez Villanueva, destacado profesor de veterinaria de la UNAM, no le ha dado de comer para evitar que se encariñe. Los trofeos que lleva son muestra de su gratitud, aun cuando no deja de ser una lata recibirlos.

Hay algo en la naturaleza de los hombres que nos lleva a hacer algo parecido cuando se premia a un semejante por sus obras, acciones o hechos ejemplares. Algunos premios tienen fama mundial y para algunos puede significar la culminación de una gran obra. El más codiciado es el Premio Nobel que otorgan diversas instituciones: la Real Academia Sueca de Ciencia (Física y Química), la Academia Sueca (Literatura), el Instituto Karolinska (Fisiología o Medicina), el Banco de Suecia (Economía), la Academia Sueca (Literatura) y el más conocido, el Premio Nobel de la Paz, que corresponde al Comité Nobel del Parlamento Noruego.

Los premios mexicanos son varios y sobresalen los premios nacionales en distintas ramas del conocimiento, los que otorga la UNAM, además de los doctorados honoris causa como el Premio Universidad Nacional. El Congreso ha instituido dos: la Medalla Belisario Domínguez que corresponde al Senado y la Medalla Eduardo Neri que instituyó la Cámara de Diputados.

De manera interesante los dos premios del Poder Legislativo federal están interrelacionados a un mismo hecho histórico como fue el asesinato del senador Belisario Domínguez. La medalla del Senado honra la memoria del senador chiapaneco que criticó la usurpación de Victoriano Huerta y fue asesinado. La Cámara de Diputados, la memoria del guerrerense Eduardo Neri, que criticó la desaparición del senador Belisario Domínguez y fue perseguido y encarcelado.

La medalla del Senado se otorga cada año y la de la Cámara de Diputados cada tres, a fin de que corresponda a la Legislatura que decide a quien debe corresponder. La del Senado, contrario al Premio Nobel, que se da solamente a personas vivas, se ha otorgado de manera póstuma, mientras el de la Cámara solamente a personas en vida. Hay quienes han recibido las dos distinciones legislativas, como Jesús Silva Herzog, Miguel León Portilla y Andrés Henestrosa, mexicanos universales.

Toda vez que las cámaras legislativas tienen la misma jerarquía constitucional, no se entiende por qué la Medalla Eduardo Neri se entrega trianualmente mientras la senatorial cada año. Decir “Cámara alta” y la “Cámara baja” es solamente un cliché, una forma coloquial sin sentido jurídico, derivada de sistemas como el inglés o francés en que los senadores representaban a la aristocracia. Es cierto que López Mateos decía que el estado perfecto del hombre es el Senado, pero en México, igual vale un senador que un diputado. Si hay dos cámaras es en razón de la conveniencia de dividir el trabajo legislativo y conferir algunas facultades exclusivas a una de ellas para evitar la excesiva concentración del poder. Son cámaras colegisladoras, colaboradoras, cooperadoras.

Este año la Cámara de Diputados decidió conferir la Medalla Eduardo Neri a Jacobo Zabludovski. Otrora de Televisa, ha sido un referente en materia de comunicación global. Su trabajo dejó una huella en México y en el mundo de habla hispana, particularmente en España, donde Zabludovski es un personaje. Tanto, que si se requiere una reservación en Casa Lucio de Madrid, sólo tiene que invocarse el nombre del mexicano para conseguir mesa. Alguna ocasión, con amigos, hice la travesura y llegó a la mesa el mismo Lucio, dueño del lugar y preguntó. “Así que ustedes conocen a Jacobo”, “Claro que sí”, respondió Fernando Velasco, notario público que no puede mentir. “Yo lo veo casi todas las noches”. Lucio entendió la argucia y, contento, envío los postres de la casa y, claro, la abultada cuenta.

La Medalla viene a Jacobo Zabludovski en un buen momento de México. De igual manera, en un buen momento de la Cámara, que tiene frente a sí la responsabilidad de darle forma legislativa a los proyectos que tienen de nuevo a México en la mira mundial. Zabludovski no requiere elogios, pero se lleva uno adelantado con la decisión de la Cámara, en lo que supongo deberá ser la refundación de la Medalla Eduardo Neri. La votación para otorgarla no fue como solía ser en el pasado autoritario, unánime y por aclamación. No. Fue una decisión considerablemente mayoritaria, con abstenciones y votos en contra de diputados que expresaron su sentir. Zabludovski no es monedita de oro y una votación unánime hubiera resultado sospechosa.

No es monedita de oro, pero sí es el creador de la comunicación moderna del México moderno. Es el padre de la noticias. Hace algunos años, la Revista de la Universidad publicó un discurso de Jacobo Zabludovski en ocasión de la entrega al Mérito Ciudadano que le hizo la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. Es uno de los mejores textos autobiográficos y culturales ligados al centro de la Ciudad de México, que ha sido el centro de su vida. El discurso que pronunciará en unos días, cuando reciba la Eduardo Neri de la Cámara de Diputados, será seguramente otro de antología que muestre la generosidad de nuestra tierra con quienes llegaron a México como migrantes, y la generosidad de esos migrantes, como la familia Zabludovski, incluyó a su hermano Abraham, que han dado lo mejor a favor de nuestros anhelos y sueños compartidos.

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